La historia se repite una y otra vez. En las épocas de crisis aparecen movimientos totalitarios y populistas que se presentan a sí mismos como los salvadores de los sufridos ciudadanos y como el remedio de todos los males. Para la captación de seguidores es imprescindible señalar un enemigo común como causa de todos los males, que puede ser real o imaginario, interior o exterior.
En este blog se ha repetido muchas veces la constatación de la aversión del común de los mortales a asumir las propias responsabilidades y a encontrar en uno mismo las soluciones a los problemas de la vida. Es mucho más fácil echar siempre la culpa a otros de tus desgracias y esperar también de otros la solución. Los populismos de todo tipo, incluidos los nacionalismos, lo tienen muy claro. En primer lugar hay que identificar al enemigo común, por lo menos darle un nombre aunque no estén muy claros sus perfiles: pueden ser Europa, España, la banca, “los mercados”, “la casta”, etc.
En segundo lugar hay que culpar al enemigo común de todas nuestras frustraciones y anhelos no logrados, generando el consiguiente resentimiento y animadversión hacia el causante de nuestros males: la culpa es siempre y únicamente de los chorizos que nos gobiernan, de España que nos roba, de la banca que nos desahucia, de la Troika y la Merkel que nos imponen recortes y austeridad…
El tercer paso del populismo es adherirnos a las soluciones fáciles que nos proponen los correspondientes “justicialismos”, “bolivarianismos”, frentes nacionales “lepenianos”, “syrizas” o “podemos” de turno. Los mensajes populistas tienen que ser siempre muy claros y simples para que puedan ser asumidos sin mayor análisis por el mayor número de personas. Da pena el espectáculo de las llamadas tertulias políticas de las televisiones comerciales en España. No se debate, se gritan consignas fáciles; no se discute, se insulta; no se exponen argumentos, se arrancan aplausos con frases demagógicas, simples y repetitivas.
Por otra parte es lamentable el espectáculo de los partidos políticos tradicionales como “pastores que se pastorean a sí mismos” en lugar de ocuparse del bien de los ciudadanos, cuya indignación se comprende perfectamente. Pero la solución no está en los populismos totalitarios, de derecha o izquierda, es igual. No hay más que volver la mirada atrás en Europa o dirigirla a los países actualmente sometidos al despotismo de totalitarismos y populismos. Egoístamente para los españoles el experimento de Syriza en Grecia nos va a servir de ensayo.
– Juan Araluce Letamendía es presidente del Consejo Editorial de Hechos de Hoy y de la alianza Media World.







