Estos días hemos tenido noticia por la prensa de charlas entre víctimas de actos terroristas y presos de ETA, organizadas como antesala de su semilibertad, por la Consejería socialista de Justicia del Gobierno Vasco, en el marco de lo que denominan “justicia restaurativa”.
Estos siniestros encuentros en caseríos entre terroristas y víctimas empezaron ya en tiempos de Ibarreche. Es una idea del PNV asumida también por el PSOE que siempre me ha parecido perversa: es la pretensión de los políticos de lavar su conciencia en la decisión de excarcelar a presos de ETA.
Tratan de sacudirse su responsabilidad trasladándola a “hermanos que se han peleado entre sí” y propiciando con obsceno paternalismo estas esperpénticas reuniones para que estos “hermanos” se reconcilien entre sí y se perdonen.
Una excusa para no asumir responsabilidades en la decisión de liberar a asesinos por conveniencia política manipulando indecentemente a las victimas y abusando de su buena voluntad. Pelillos a la mar y aquí no ha pasado nada. Aberrante.
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La AVT (Asociación Víctimas del Terrorismo) ha denunciado lo que considera un “vaciado progresivo” de las cárceles. La asociación rechaza que se esté facilitando la salida de presos históricos mediante reformas legales pactadas, entre el Gobierno y EH Bildu.
Covite (Colectivo de Víctimas del Terrorismo) ha alertado sobre una “amnistía encubierta” debido a la concesión de terceros grados a etarras que no muestran un arrepentimiento real. Han rechazado participar en actos institucionales donde esté presente EH Bildu, al considerar que este partido sigue sin condenar el terrorismo y patrocina actos de apoyo a presos de ETA.








