Salté la valla. Te comento, sin darte posibilidad para que me consueles, que recibí unos cuantos palos. Pero logré escapar. Desde que estoy aquí, estoy pensando en enrollarme con una blanca a la que le guste mi color, o mi dureza de baobab, para ver si me saca de la miseria. Pero no olvides que es a ti a quien quiero.
En la aldea no celebrábamos el “Año nuevo”, pero aquí voy a hacerlo con mis amigos, los de verdad. No sé por qué presiento que ya estás con otra pareja y que vais a tener unos doce hijos, si el Ébola no os pilla.
Yo trabajo todos los días vendiendo paraguas cuando llueve, lo cual sucede muy a menudo, pero los europeos españoles no saben comprar nada por su valor genuino. Me regatean como a Kaká, un jugador de fútbol famoso, y al final tengo que quedarme con unos miserables beneficios y, encima, regalarles un pequeño elefante de madera con la trompa levantada para que se queden contentos.
Desde aquí te digo que ya soy “manager” en ventas, y no un simple pordiosero, de los que piden limosna sentados sobre las baldosas bilbaínas. Al principio los vascos me llamaban “Iñaki” como a todos los negros, pero ya se les ha olvidado.
Así que estoy haciendo carrera y cuando vuelva espero casarme con tu hermana. Sí, con una de tus diez hermanas, y poner un negocio de paraguas en el poblado. ¡Quitan el sol, también sirven para eso!
Bueno amor mío, te dejo, que tengo que dar unas vueltas de negocios por Bilbao. Deseo de todo corazón que todos sigáis bien. Te saludo de todo corazón, esperando noticias tuyas. Firmado: Tu primer novio, que te quiere y te añora.
(*) Enrique Mochales, escritor y pintor. Su blog “Como sujetar un cocodrilo” supone una novedosa iniciativa de incisivo columnista en el escenario digital. Entre su obra, “Mermelada amarga” (Ed, Margen cultural, 1993); “La fragilidad de la porcelana” (Ed. Alberdania, 2010), y "Esclavo de la luz" (Ed. Punto Rojo, 2013).




