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UNA ESPAÑA DIFERENTE

Punto final a la Transición y sello a lo intolerable de la corrupción política

Nada será igual. La frontera del 24-M, con comicios municipales y autonómicos, al margen de sus resultados, cierra en España un largo periodo histórico y abre oportunidades.

Hechosdehoy / Juan Araluce Letamendía
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Las elecciones autonómicas y municipales de este domingo 24 de mayo no son unas elecciones más. La política española que surgirá después del recuento de votos, sea cual sea el resultado de los comicios, no será igual a la que estamos habituados desde los años de la Transición. Creo que es correcto afirmar que la etapa política abierta con la Transición española después de la muerte de Franco acaba este año. Viene otra cosa diferente.

La crisis económica mundial de estos años no ha sido más que la punta del iceberg de una crisis mucho más profunda, crisis que ha supuesto la transmutación de los valores tradicionales de la cultura occidental, afectando a la vida cotidiana de personas y sociedades, a la familia, al trabajo, a las relaciones personales, a la política… El cambio -acompañado por el avance vertiginoso de la técnica, fundamentalmente la aparición de Internet– ha sido tan rápido y brutal que parece que asistimos a lo que el filósofo Habermas ha llamado el “descarrilamiento” de la cultura atlántica, que ha llevado al mundo intelectual a un pesimismo social y cultural que se puede resumir en la sentencia: “El futuro no es lo que era”

Todo indica que estamos asistiendo a un cambio de civilización con todo lo que ello lleva consigo de incertidumbre sobre el futuro, que a su vez es normal que provoque dudas, temores y pesimismo. Yo aquí quiero romper una lanza por el optimismo. Nunca he sido de la escuela de Heráclito para el que la realidad es puro devenir: “todo fluye, nada permanece”, “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”… Por debajo de todo movimiento, de todo cambio, por muy brusco que sea, siempre hay algo sólido que permanece, lo que hemos dado en llamar valores: la bondad, la amistad, la justicia, la generosidad, la honradez, la lealtad, la responsabilidad, la gratitud, la alegría…

Volviendo a España, a la situación actual y a las elecciones del domingo: soy optimista. Como he dicho antes, creo que a partir del domingo nada va a ser igual. La crisis ha servido en cierto modo -y fijándonos en los aspectos positivos- para que afloraran corrupciones que claman al cielo, comportamientos indignos, hábitos malsanos, que estaban incrustados en la vida política y que han sido más o menos tolerados por la sociedad durante la época de vacas gordas, pero que han aflorado con toda la pestilencia del pus de una herida. Es difícil imaginar que -por lo menos en una larga temporada- puedan darse casos tan clamorosos de podredumbre moral sin una reacción rápida de la sociedad.


Juan Araluce Letamendía es presidente del Consejo Editorial de Hechos de Hoy y de la alianza Media World.

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