Las cuevas de dragón se elevan por encima de los Cárpatos, y entre sus paredes que son antros beben sangre los ciegos que no son tuertos y los santones muertos a los que les gustan las tormentas de truenos y relámpagos.
Las cuevas de dragón son lugares bohemios y oscuros, con paredes blancas de techo y estalagmitas, como nidos de termitas, como escondites para amarse, como cabellos de mujer que son cortinas, de humo hechos sus anhelos
De piedras sus suspiros y sus lágrimas zafiros bajo las tormentas de primavera.
Si alguna vez quieres entrar a la cueva de un dragón, dile: “Abre Dragón que soy tú”. Dirá: “Pasa que soy yo”.
Porque el dragón no soporta que seas yo.
Seríais dos yoes en la cueva.
Y eso es imposible: sonará un trueno y entrarás pero no verás a nadie, porque como todos sabemos los dragones sí existen.




