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VUELTA A EMPEZAR

Inmigrantes viajando en ballenas y tortugas

Los inmigrantes viajaron en una bella ballena hasta que ésta fue cazada por los arponeros japoneses. Se desplazaron, pues, a Japón, donde no daban crédito a lo que veían sus ojos.

Hechosdehoy / Enrique Mochales
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¡Mucho Jonás para una sola ballena! ¿Dónde iban a alojarlos?

Enviaron mensajes a las autoridades de sus respectivos países africanos para pedirles cuenta por la aparición de tanto inmigrante en la ballena. Pero las autoridades se autodisculparon, diciendo que la culpa era de Occidente, y de Japón, que cazaba tantas ballenas.

Los inmigrantes fueron acogidos desde entonces por las tortugas. A sus lomos de nácar viajaban los inmigrantes, cruzando cuantos estrechos fuese necesario. Se trataba de hacer turismo, según contaron a las patrulleras españolas.

Pero los barcos hicieron sonar sus sirenas, y, a pesar de que otros cabalgaban delfines, los inmigrantes decidieron cruzar el mar con escafandras, o a libre pulmón. Por supuesto, hubo muchos muertos. Mas no había forma posible de evitar que la gente viajase allende las fronteras, aún de polizones en los grandes cruceros de lujo.

Pronto los barcos de guerra atacaron las tropas de tortugas, delfines y ballenas. Con sus radares, les hacían enloquecer y varar en cualquier playa. Y allí terminaban también los inmigrantes. Primero se buscaban la vida vendiendo collares, después ponían un negocio, tenían hijos, y contribuían con Hacienda.

Se dijo entonces que, después del todo, no estaba mal tener un número de inmigrantes para reclutarlos en sus legiones extranjeras.

Con el paso del tiempo, alguno de los inmigrantes se hizo rico. Fabricó pues un puente a lo largo del estrecho, para que pasasen sus amigos y familiares. Y las ballenas cantaban, los delfines jugaban, las tortugas desovaban inmigrantes en las playas desiertas.

Como si aquellos seres humanos fueran grandes amigos que Europa necesitaba, lo cual no podía ver sino un buen marinero con un catalejo. Pero, un mal día, sobrevino el fin del planeta tierra. Las naves espaciales lanzadas a planetas supuestamente habitables aterrizaron. Y los alienígenas autóctonos les pidieron el permiso de residencia. No iban a dejar que una raza tan destructiva se instalase así como así en su planeta.

Y la cosa fue un “vuelta a empezar”.

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