Esta tarde estoy en mi pequeño estudio, en busca de temas e historias para escribir. Esta tarde plácida de mayo pienso de repente en que ya está todo escrito y contado. Salvo quizás la melodía de algunos versos de mi juventud, que ya sólo significan algo para mí. Pero por eso mismo los quiero publicar. Porque la creación poética, por humilde que sea, se sostiene únicamente si se proyecta a los otros. Son ellos – los otros – quienes con su lectura darán valor a lo que un día sentí y expresé con palabras. Tal vez alguien se reconozca en ellas, o simplemente le proporcionen un leve goce estético. Con eso, con esa esperanza, ya me basta. Porque esta tarde me siento solo …
Esta tarde me siento solo,
solo con el sol que me quema
y con las hierbas y el aire
que me tocan.
Me curo con notas de Granados
que son como suaves palmadas,
música de color blanco y caliente
que no puede amarme.
Esta tarde me siento solo,
sólo en compañía de mi soledad.
Ella me está abrazando siempre
y en sus labios yermos se secan los míos.
Hay un gran silencio a mi alrededor. Y también en mi interior. El silencio es una música que habita dentro de mi biblioteca. Y recubre con su manto todos mis libros, hasta los que se apilan sobre la mesa …
Me gusta ver los libros
sobre la mesa,
saber que están allí
y me miran
como perros adictos
que me acompañan.
Son libros compactos,
pero me aguardan blandos
como pasteles hechos
de millones de palabras
que pensó la mente humana
para que yo me las coma
o viva del alimento
de ver que están ahí tan quietos.
Detrás de mis libros está mi vida. Una vida como tantas. Una vida en la que la escritura, aún sin saberlo, siempre tuvo presencia. Más implícita que explícita.
Al sentir el otro día el perfume de azahar, paseando entre naranjos y limoneros, recordé un viaje a tierras de levante …
Puse mi pluma en Levante
para que le diera el sol,
y allí le fluye la savia
de naranja y de limón,
y no escribe porque sueña
que es una flor de azahar,
su cuerpo plástico duro
se ablanda del sol y el mar,
su punta de acero frío
se funde en el naranjal
y a su corola de letras
viene la abeja a libar
dulce néctar literario,
mar de claridades, mar …
Siempre el mar, el agua. Son vivencias esenciales y permanentes en mi recuerdo. Es como la nostalgia atávica del elemento líquido. El origen del que procedemos. El mar está siempre próximo, siempre escucho su música.
Rumor de mar,
es como inacabable
resumen del tiempo
que ocurrió, y nadie
sabe si es pasado
de verdad, si acaso
no es presente realidad;
cambio de la imagen
por el sonido
que vaga por el mar
siempre en devenir,
en presente con brisa
de yodo y cobalto
que nos trae memoria
de Dios y de amores
e historias sin acabar.
Rumor de mar;
igual que se mecen
los cedros fenicios,
se escuchan en Troya
las luchas de Homero
y suena salvaje
el fragor de un estadio,
o se oyen quizás
las ondas del trigal
de Castilla y allá
el despertar no sé dónde
del dragón de San Jorge,
el bostezo de Alá
sobre la arena vieja
de estos desiertos
gualdos, del África
que se tizna
de presagios negros
como sus gentes …
Rumor de mar,
multitudes que piden
la muerte a Pilatos
de un divino Rey,
chapoteo de aguas
que lavan las manos
del hombre romano
que es la humanidad.
Rumor de mar,
amor de resurrección
que empapa todas
las orillas del mundo
y nos ayuda a esperar
que nazca Venus de músicas
acuosas y marinas,
y el tiempo pierda importancia
como en un atardecer
de naranja sin final.
Voy a concluir por hoy esta mirada al pasado. A un pasado mío, pero que al vivir dentro de mí con fuerza, quizá sea también presente o sea intemporal. Cualquiera sabe. Y así termino con el amor, lo más hermoso, ahora que se acerca el verano.
Fue cuando me enamoré …
Bajamos al pueblo
Al atardecer
Todo era de oro
al atardecer
pisamos la tierra
al atardecer
cruzamos el río
al atardecer
miramos el monte
al atardecer
nos hablaba un niño
al atardecer
estaba mocoso
al atardecer
y me interrogaba
al atardecer
de no sé qué cosa;
al anochecer
el pueblo seguía
murmullos de río
al anochecer
pinceles de luna
perfiles de piedra
al anochecer
nos dimos la mano
nos fuimos besando
y al fin nos marchamos
al anochecer.
Y me enamoré en el mar …
Al objeto de cantarte una canción,
llena de dulces vientos lejanos,
me he venido desde el mar
para cantarte despacio.
me he reclinado en tu cuerpo
junto al hogar de tus ojos,
allí tú me has añorado
con la antena transparente
de tu mirar hondo y quieto.
Sin moverme de tu vida
he tomado yo mi voz
y así te la he regalado
con la canción
de todos los recuerdos.
Tú has besado mi canción
y te has bañado en mi voz,
luego has bebido de ella
y sé que has sentido amor
porque mi voz era yo.





