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EL PRIMER ENCUENTRO

Una conversación en el Palacio de La Zarzuela entre Felipe VI y Mariano Rajoy

El reto económico-social y del empleo y el reto territorial. ¿Cómo serán los primeros encuentros entre Rey y presidente del Gobierno? Un ejercicio de Wishful thinking.

Hechosdehoy / Germán Loewe
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(Conversación que debería tener lugar muy pronto en el Palacio de la Zarzuela, entre el Rey Don Felipe y el Presidente del Gobierno).

“Buenos días, Mariano, ¿cómo estás? Toma asiento, por favor”.
“Buenos días, Señor. Estoy bien, gracias. A vuestra disposición.”
“Mira, Mariano, después de estos días de emociones y formalidades, quiero ponerme a trabajar y empezar por tener una primera sentada contigo, para explicarte mis planes y pasar revista a los principales frentes que tengo – tenemos- planteados.”
“Me alegra oírlo, Señor. Creo que este cambio de impresiones al iniciar vuestro reinado es muy necesario y estoy por supuesto abierto a todas las ideas.”
“Bueno, se trata de algo más que de un mero cambio de impresiones. Sin salirme de mi papel constitucional, que me obliga a ejercer como árbitro y a no inmiscuirme en las decisiones del Gobierno, sí quiero de buenas a primeras manifestarte que voy a tratar de actuar como motor de profundos cambios, que estos tiempos convulsos reclaman de nosotros.”

“Ud. dirá, Señor.”
“Vamos a ver, voy a enumerarte los retos principales que tiene nuestro país y a los que hay que hacer frente sin más dilación.
Yo los dividiría en dos bloques:
– El reto económico-social y del empleo.
– El reto territorial
Empiezo por el frente económico-social y del empleo. Sé que tu Gobierno está aplicando una política económica acertada en principio y de acuerdo con las consignas que llegan de Bruselas y -por qué no decirlo- de Berlín. Pero el coste social es casi inasumible: la gente se está empobreciendo y desesperando con tanto impuesto y recortes sociales. La macroeconomía está repuntando y la credibilidad exterior aumenta. Eso es positivo, pero el crecimiento de la microeconomía es tan tímido, que sólo sirve de momento como cataplasma psicológica, pero no hace cambiar la percepción diaria de los ciudadanos. Y sobre todo, no altera visiblemente el cáncer número uno que tenemos, el desempleo del 25%. Si la evolución de la coyuntura económica sigue positiva, los efectos para reducir significativamente el desempleo pueden dilatarse muchos años, más de los que nuestro sufrido pueblo puede soportar. Por eso creo que la política económica actual no basta. Es necesario echarle imaginación y esfuerzo, para aplicar medidas de choque adicionales. Y eso no lo puede hacer tu Gobierno en solitario.”

“Bien, si me lo permite, Señor, le voy a decir que soy consciente de lo que sucede y me llena cada día de amargura, pero no veo sinceramente otra salida más que la de aguantar y perseverar en la política actual. Creo que si conseguimos reducir el déficit público y por tanto el endeudamiento, liberaremos recursos a aplicar a políticas sociales y de empleo y rebajaremos la presión fiscal. Sólo veo ese camino para recuperar el crecimiento y generar empleo.”
“Todo eso ya lo sé, Mariano, y comparto muchas de tus tesis. Pero hay que aplicar medidas a corto plazo en el ámbito social y fiscal, que van a necesitar grandes consensos y sobre todo van a requerir liberar recursos, por medio de un adelgazamiento drástico de la estructura de las administraciones (las del Estado y las de las Comunidades Autónomas). Veo esto con una claridad meridiana y quiero proponerte la convocatoria, más pronto que tarde, de los segundos Pactos de la Moncloa. Ahí se deberían sentar, junto al Gobierno, la patronal, los sindicatos y los representantes de los grupos políticos (incluyendo a Podemos y a los nacionalistas vascos y catalanes). De este gran pacto nacional deberían surgir medidas tangibles para estimular el empleo; debería estudiarse la implantación de una renta básica para todos los ciudadanos (Suiza ya está en esa línea, por más señas) y se debería poner coto al poder fáctico de banqueros y multinacionales. Además, creo que la supresión de ministerios, funcionarios y departamentos, tanto en la Administración Central como en las Comunidades, sería muy sana y afloraría cantidad de recursos a aplicar a medidas sociales en el campo del subsidio de desempleo y del sistema sanitario. Poco a poco, la economía privada reabsorbería a los miles de funcionarios que quedaran desempleados, porque éste sería el mal menor.”

“Un momento, Señor, todo eso que me explica está muy bien, pero es inviable. En las circunstancias actuales convocar ese famoso pacto se convertiría en una olla de grillos, en detrimento de la gobernabilidad del país a cargo del Gobierno elegido democráticamente, que es quien debe gobernar. Además, las medidas que apunta sonarían muy bien en los oídos de la izquierda radical, pero resultarían utópicas y poco realistas. Mi partido las rechazaría de plano, por populistas y demagógicas. Dicho sea con todo el respeto.”

“Oye Mariano, el discurso del inmovilismo ya me lo conozco y está abocado al fracaso. Me parece que no has comprendido lo que pasa en la calle. Yo sí me he dado cuenta. Hay una ola de indignación en el país contra los políticos, el sistema que les ahoga y por ende la Monarquía, a la que muchos están identificando con el sistema que no les gusta, aunque nada tenga que ver con las políticas neoliberales practicadas por los sucesivos gobiernos, ya que estas políticas son independientes de la forma de un estado democrático. Pero mi obligación es percibir todo esto y dar impulsos para demostrar a mis detractores que el Rey puede y sabe hacer cosas para generar cambios dentro de la estabilidad. De lo contrario duraré dos telediarios y pueden pasar cosas en este país, que luego sean incontrolables.”
“En fin, Señor, lo pensaré a fondo y lo debatiré con los ministros económicos de mi Gobierno, además de sondear a los demás actores y fuerzas políticas que Ud. ha mencionado. Sería en todo caso necesario esperar a conocer cuál va a ser el próximo secretario general del PSOE.
Le mantendré informado.”

“De acuerdo, Mariano. Espero tu información y me pongo desde ya a disposición para hablar con los diferentes grupos políticos y sociales. Hay que darle la vuelta a este clima de una vez.

Ahora me quiero referir al otro gran reto, el territorial, que está también inevitablemente conectado e imbricado con el económico-social. He venido siguiendo de cerca la evolución de los acontecimientos en el tema del soberanismo catalán. Se trata de un problema gravísimo, que no es nuevo (no hay más que repasar la historia de estos últimos trescientos años y leer a Vicens Vives), pero que ha salido de su letargo y ha calado a fondo en la sociedad catalana. Y sinceramente soy de la opinión de que tu Gobierno, o no lo ha llegado a comprender, o se está engañando. Vuestra posición hasta ahora está siendo aparentemente muy digna y legalista, pero tremendamente inmovilista, falta de ductilidad y de iniciativa. Esa falta de iniciativa y esa postura intransigente están siendo aprovechadas día a día por las fuerzas políticas y las asociaciones cívicas catalanas de perfil independentista, para hacer su labor persistente y ganar nuevos adeptos cada minuto. Hasta el punto de que ya no se trata únicamente de unos partidos nacionalistas y de sus líderes iluminados, como pregona sin cesar nuestra prensa madrileña, sino que ahora ya estamos ante un fenómeno social y ciudadano de amplio espectro. Mi posición hasta hace unos días como Príncipe de Girona y mis muchos viajes y contactos en Cataluña me han permitido comprender la realidad. Y sobre todo me he percatado de que hay una abrumadora mayoría de la población que desea la consulta, y en esta mayoría se incluyen por supuesto también los que votarían no a la independencia.”
“Señor, permítame que le interrumpa. No se trata de que yo no comprenda o no sepa ver la realidad de lo que acontece en Cataluña, a la que por cierto también viajo con frecuencia. Se trata, Señor, de que yo tengo las manos atadas por la legalidad vigente y cualquier concesión por nuestra parte, antes de haberse iniciado un proceso de modificación constitucional, representaría un grave quebrantamiento de la Ley, un perjuicio irreparable para la unidad de España y el final político de este gobierno. Por lo tanto, lo único que puedo hacer es dejar claro cuál es el camino (la reforma constitucional), pero nunca autorizar una consulta que sería una violación flagrante de nuestro sistema democrático.”

“Lo siento, Mariano, no estoy de acuerdo. En la coyuntura actual hay fuerzas desencadenadas que son más potentes que las leyes y ese potro desbocado, o lo embridamos cuanto antes, o perderemos a Cataluña, sentados sobre la poltrona de nuestra intocable legalidad. Creo que si actuáramos con inteligencia política, podríamos encontrar el medio de encajar en la legalidad actual una autorización para una consulta no vinculante políticamente, aunque eso pasara por hacer un referéndum de ámbito general español.
En suma, tenéis que sentaros a hablar con los catalanes cuanto antes y dejaros de susceptibilidades y reservas legalistas. Y sin miedo mediático, que es mucho lo que está en juego. Además, si lo hacéis y apretáis en lo tocante a fechas y preguntas, estoy seguro de que lograréis negociar un acuerdo razonable. Y si lo hacéis bien, también estoy seguro de que la respuesta a esa famosa consulta se puede ganar para la causa de la unidad. Luego tendrán que venir en todo caso las necesarias reformas constitucionales, porque además ya sabes que tenemos al País Vasco ahí detrás al acecho.
Mariano, te insto a que lo pienses a fondo. No podemos cerrar los ojos a la realidad. O este país camina hacia un estado plurinacional que preserve la cohesión y la unidad, o no podremos parar la disgregación. Por mucha legalidad que enarbolemos, hay que excluir de raíz toda medida coercitiva, que tendría un inmediato efecto boomerang. Por lo tanto te propongo convocar una reunión de urgencia con los catalanes, cuya primera sesión me brindo a presidir.”

“Tomo buena nota de cuanto me dice, Señor. Debo consultarlo con mi Gobierno y mi partido. Si obtengo luz verde, procederemos como Ud. propone.”

“Gracias, Mariano. No temas las consecuencias de actuar con realismo y coraje. Acuérdate de Adolfo Suárez.”


– Wishful thinking o pensamiento ilusorio, el llamado proceso de pensamiento, deducción, conclusión y toma de decisiones basadas en lo que sería más placentero de imaginar.

– Quien reinará como Felipe VI avanzó sus primeras palabras en Navarra, en el monasterio de Leyre, como recogió Hechos de Hoy. Como Rey inminente, y en su primer discurso tras el anuncio de la abdicación de Juan Carlos I, Felipe de Borbón y Grecia, muy emocionando, y hablando de Leonor como la próxima Princesa de Viana, prometió dedicar todos sus esfuerzos a servir a una España "unida y diversa".
 

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