Dicen que últimamente hay peleas, navajazos y bofetadas. Que el invasor GAY ha entrado en todas las casas. Que la nube Alfa se ha cernido sobre las tejavanas.
Yo no sé qué creer. A mí me interesa lo que cuenta mi padre, que es un señor muy respetado. No hay dinero, no hay amigos. Solamente poetadas. El Santo está llorando. En lo alto de su cima. Todo lo que nos cae encima, el Santo lo va anotando. Hoy he bajado yo al infierno deslumbrante que, como les contaba antes, no es ni sombra de su sombra. ¿Y qué hacen las autoridades mientras el ladrón estorba? Encender sus luces torvas, pa dar miedo al personal.
Y aquí les cuento hermanos. La historia de un triste sino. Parece un son pero no es eso. Es el caballo que regresa. Y en el hospital ingresa. El tono, el débil, el maldito. Cuando es un Universo finito, como las cuerdas de una guitarra.
Aquí el txistu ya no suena. No suena el Irrintxi cabrón. La fe parece perdida en las Siete Calles malavenidas.
Perdonen ustedes a mi padre. Yo soy su mensajero. Cortarme la cabeza no puedo. ¿Serian ustedes tan amables?
Mamá en cambio ni se inmuta, porque haya en la calle una puta. Ella resplandece siempre. No hay amigos, no hay hermanos. Eternamente siempre le estaré agradecido, de que no haya venido ella, a salvarme como en otras ocasiones. Que no faltarán en el futuro. Porque el porvenir se ve muy duro. Es el ripio, el Anatema. Sólo hace falta cambiar de tema.
Así que les relato un relato. Un relato de ésta mañana.
(Bis)
Me fui del Casco en tranvía. Fumé un pitillo que salió barato. Para poder pasar un rato. Sentado en el paracaídas. Y lo que vi me espantó. Qué hermosura qué belleza. Qué día de extrañeza: eso fue lo que ocurrió.
Y al volver a mi casa, todo se volvió alegría. Tenía whisky de garrafa. Y menús más baratos.
(Último toque)
Silencio
Aplausos
A escoger…




