A la cúpula militar: No podemos contener la marea humana que escala las murallas pese a nuestras ráfagas de ametralladoras y nuestras franjas de tierra minadas. El planeta Norte está sumido en un absoluto caos dada la invasión del planeta Sur, y nuestras fuerzas son cada vez más escasas y todo ello está afectando a nuestro presupuesto de Defensa.
Hemos lanzado drones contra los líderes de los inmigrantes, pero cuando eliminamos uno surge otro, aun con mayor determinación que el anterior. Los regimientos están cansados de contener a gente que, según el pensamiento general de los soldados, sólo vienen a por comida y trabajo, un derecho contemplado por las Naciones Unidas, y escrito con letras doradas en la Declaración de los Derechos Humanos.
Detrás de los muros coronados por espinas de metal refulgente que aún tienen restos de ropa, se extiende una sanguinolenta masa de cuerpos humanos, de seres malheridos que piden agua, o simplemente llaman a su mamá. Las ambulancias de la Cruz Roja y la Media Luna roja –unidas solidariamente en medio de tal desorden- no dan abasto.
Desde aquí rogamos a los mandos superiores que abran las puertas y modelen una nueva sociedad mundial, una verdadera globalización de las oportunidades, porque, de lo contrario, los millones y millones de inmigrantes derribarán las puertas, abrirán una brecha en nuestras defensas, y, por cuestiones humanas, estamos decididos a dejarles pasar.
De no abrirles las puertas, estaríamos de nuevo en la reproducción de un Holocausto, y los diferentes factores en juego desencadenarían una nueva Guerra Mundial.
Solicitamos rápida respuesta a nuestra misiva. Pero creo que la decisión ya está tomada.




