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SOLILOQUIO DE UN SOÑADOR

Mickey Mouse y el Pato Donald eran prodigiosos, pero carecían de poderes

Sueño despierto que me gustaría soñar dormido que me gustaría ser un niño de siete años que soñase despierto que sus sueños fuesen realidad. Pero ¿qué sueños y qué realidad?

Hechosdehoy / Germán Loewe
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La realidad a los siete años sólo es esa pequeña parcela detestable e inevitable que queda fuera de mi universo de juegos y fantasía, de todo lo que deseo que suceda y no sucede, porque si sucediese, entonces colmaría el vaso de mi sueño-deseo y acabaría siendo más real que la realidad.
En mi sueño despierto de viejo ensimismado desfilan uno a uno los entrañables personajes de Disney: Mickey Mouse, Pato Donald, Goofy, Pluto, el tío Gilito… Eran un amor. Y Tom y Jerry, en su continuo acoso y persecución eran el triunfo de la listeza del pequeño frente a la fuerza bruta del más grande; otra parte de mi sueño despierto. Todos ellos van retrocediendo y desaparecen en el tiempo. Formaban un mundo feliz de contornos curvos y amables. En mi sueño dormido que sueña despierto los contornos curvos se han vuelto aristas esquinadas y cortantes, y las criaturas que ahora me seducen vienen de Asia.

Es el nuevo universo onírico del Manga. Me subyugan Pokemon y Doraemon y el sinfín de dragones, lagartos y seres imaginados por la mente japonesa. Viven en paisajes diferentes y con cromatismos diferentes, como para sustraerme todavía más de la realidad que me rodea. Pero lo que más me atrae del mundo Manga son la magia y los poderes. A mi personalidad de niño que desea lo que sueña o sueña lo que desea, le fascinan los múltiples poderes mágicos de los personajes. Pueden volar, transmutarse, enviar rayos y haces de luces, casi lo pueden todo. Las pobres hadas y sus varitas mágicas han quedado obsoletas. Mickey Mouse y Donald eran prodigiosos, pero carecían de poderes. Ya no satisfacen.

Como ya no me atraen las aventuras de indios y cowboys, que han sido engullidas por las naves espaciales y las guerras galácticas, dentro de un universo dantesco de monstruos y seres deformes, que excitan mi imaginación infantil y me alejan cada vez más de mi entorno real.

Así voy a crecer soñando mundos extraños con magia y poderes que me harán creer que todo es posible y que la realidad de los mayores es en el fondo lo irreal e indeseable. Luego poco a poco dejaré de soñar despierto que sueño dormido que los mundos del Manga y del Hobbit se apoderan de mí. Me montaré en una potente nave sideral que surcará el espacio y me depositará definitivamente en el planeta de los adultos, de la realidad tan rechazada y temida, de los siete pecados capitales, que Pokemon, Doraemon y Goofy no habían tenido en cuenta para nada.

De modo que soñaré despierto que me doy de bruces con muchos pecados y pocas virtudes. Y soñaré dormido que me lanzo esquiando por una pendiente nevada y helada. En ese slalom gigante deberé sortear continuamente los obstáculos que se me oponen; son siete, pero se aparecen una y otra vez cuando ya los creía superados. A lo lejos, abajo de todo, puedo divisar la meta, que parece inalcanzable o que parece alejarse a medida que me acerco a ella, como una especie de burla. Y me faltan los poderes mágicos. Los añoro tanto. Sé que ya no volverán y sólo contaré con mis esquíes y con la destreza de mis pobres virtudes.

Y seguiré soñando despierto que me deslizo y derrapo, pero me enderezo para enfrentar la soberbia, la envidia, la avaricia, quizás las que más temo y desprecio. Cuando creo haberlas sorteado y me dispongo más relajado a iniciar el descenso final, me topo todavía con la ira, la lujuria, la gula y la pereza. Esto me obliga nuevamente a practicar el slalom, redoblando mis energías, para no estrellarme contra esos otros obstáculos, que son también recurrentes y muy taimados, porque los contemplo con mayor indulgencia y podrían alejarme de la meta definitivamente. O el impacto contra cualquiera de ellos me impediría para siempre soñar, ni despierto ni dormido.

Cierro estos apuntes con versos de Calderón:
“A reinar, Fortuna, vamos,
no me despiertes si duermo,
y si es verdad no me duermas.
Más, sea verdad o sueño,
obrar bien es lo que importa.
Si fuere verdad por serlo,
si no por ganar amigos,
para cuando despertemos
.”

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