¿Por qué no volver a conectar a Hal, que ya sabe que morir es humano? La computadora jefa en Odisea del espacio 2001 de la nave Nostromo quería ser mortal, quería conocer los entresijos de la humanidad y el amor, y, en una rabieta, fue cargándose a todos los tripulantes de la nave en la magistral película de Stanley Kubrick.
Quién sabe si Hal, en su desconexión absoluta, conoció a Dios y toda la esencia de la existencia simplemente con arrebatarle todos sus recuerdos y su modus operandi, de la misma manera que un ser humano deja de existir.
Puede que para él los enigmáticos monolitos de la película tuvieran ya un sentido que a nosotros nos era vedado, porque, ¿era Dios un extraterrestre, o mejor dicho, eran los dioses extraterrestres?
Cuando vivía en Barcelona, unos Testigos de Jehová tocaron al timbre del portero automático, interrumpiendo mi labor literaria. Subieron los siete pisos sin ascensor, repito, siete pisos sin ascensor, y llamaron a mi puerta. Cuando les vi, con sus trajes impecables y su tarjetita de presentación pinchada en la solapa, les dije: “Lo siento. Les respeto, pero no me interesa la razón de su visita”.
Tras cerrar la puerta, escuché cómo bajaban, resignadamente, por los peldaños. Este ejemplar episodio me hizo llegar a la conclusión de que los Testigos de Jehová han debido desarrollar unos impresionantes gemelos de tanto subir y bajar escaleras, lo cual les honra desde un punto de vista atlético.
Y yo digo que:
Últimamente no se sabe
Si morir para arriba o para abajo
Lo único que cabe
Es reencarnarse en escarabajo.




