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PROYECTO VEDAS
Extraño encuentro en el Valle de Lágrimas de Silicona
Hay cuatro personas en ese comité convocado en el despacho de Sebastian Thrun, el alemán fundador del laboratorio de investigación "Google X" en el Silicon Valley de California.
Hechosdehoy / Germán Loewe
A las ocho de una mañana primaveral el sol ya lanza sus primeros rayos a través de los enormes ventanales del edificio y va lamiendo con una luz dorada las cabezas de los reunidos en torno a la mesa de trabajo y los grandes vasos de poliestireno, humeantes de café americano. Hay cuatro personas en ese comité de madrugadores, convocado en el despacho de Sebastian Thrun, el alemán fundador del laboratorio de investigación “Google X” en el Silicon Valley de California.
Thrun está hablando con sus colaboradores de los nuevos proyectos y de los nuevos robots encargados en fábricas chinas, pero con impulsos tecnológicos gestados allí, en el “Valley”, entre las cuatro paredes de “Google X”. El proyecto estrella es el coche sin conductor, pronto una revolución dentro de nuestro mundo digitalizado.
– Esto último, amigos míos, -dice Thrun- y todo lo que hagamos en un próximo futuro, no es para enriquecernos. Es, por encima de todo, con el objetivo de mejorar el mundo a través de la tecnología digital. Debemos tener claro que eso sólo se puede lograr mediante el control de potentes centros de investigación y desarrollo, capaces de proyectar todos los avances a escala mundial y en todos los campos, más allá de gobiernos, políticos y regulaciones financieras. Algunos nos llaman monopolios digitales y quizá lo seamos. Pero nuestro afán no es dominio y poder, nuestra meta es aumentar el bienestar de la humanidad.
Sebastian Thrun va enrojeciendo de entusiasmo, mientras los demás le atienden absortos. De repente suena el interfono y Thrun corta abruptamente su intervención, da un respingo nervioso y conecta el “manos libres”.
– ¿Qué ocurre? ¡Las órdenes eran de no interrumpir la reunión!
– Disculpe, Sr.Thrun. Pero me avisan de recepción que hay abajo una persona, un extranjero, que dice haber venido desde la India expresamente para verle, por un tema de extrema importancia y que Ud. ya sabe de qué va y lo está esperando. Dice llamarse Lobsang Pingala y es filósofo y matemático.
– Mire, no tengo ni idea de quién es este sujeto y por supuesto no está citado conmigo. De modo que avise a Seguridad y que se ocupen de él, ¿OK?
– De acuerdo, y perdone la interrupción.
– Un momento, Catherine, espere unos minutos antes de hacer nada y la vuelvo a llamar.
– Entendido, Señor.
Sebastian Thrun desconecta el interfono.
– Vamos a ver, Larry, ¿por qué me has hecho señales? ¿Qué sabes de todo esto?
– En realidad yo tampoco sé nada, Sebastian, pero me ha sorprendido de repente oir el nombre de este visitante. Se llama Pingala, igual que el maestro indio Pingala, que en el siglo III antes de Cristo sentó las bases del sistema binario y formuló el concepto del número cero. Será una casualidad, pero me da en la nariz que hay alguna relación. Al fin y al cabo, te recuerdo que sin el precursor Pingala y luego el genio de Leibniz en el XVII, hoy no tendríamos la tecnología digital, que se basa precisamente en el sistema matemático binario.
– Bueno Larry, después de tu brillante recordatorio histórico, voy a seguir tu nariz.
Conecta de nuevo el interfono.
– Catherine, hay contraorden. Haga subir a este señor de la India. Le recibiré en mi despacho.
Tras dejar solo a Thrun y a los pocos minutos, se abre la puerta de su amplio despacho y entra Lobsang Pingala. Alto y de tez muy oscura, de unos 55 años. Viste pantalones vaqueros y camisa blanca, su mirada es penetrante y serena a un tiempo. Irradia la dignidad característica de la India.
– Debo ante todo pedirle excusas por haberme presentado sin cita alguna. Y debo agradecerle la gentileza de recibirme.
– La gentileza se la debe agradecer a mi colega Larry Parker, que está intrigado por su apellido Pingala. Le retrotrae al maestro Pingala de hace 24 siglos. ¿Tiene Ud. algo que ver con todo esto?
– Por supuesto que sí. Verá, sería indemostrable afirmar que yo soy descendiente del erudito Pingala en Kerala. Pero el hecho de que coincida mi apellido y me haya dedicado a la ciencia matemática, me ha llevado a identificarme tanto con aquel remoto Pingala, que he dedicado mi vida a seguir sus huellas y sobre todo a estudiar sus aportaciones, siempre en la órbita filosófica de los Vedas y los Upanishad.
– Me parece muy interesante. ¿Y qué le trae por aquí? ¿Ha venido Ud. hasta Silicon Valley sólo para contarme lo que desarrolló el maestro Pingala?
– Mire, he venido hasta aquí, porque Uds. se han convertido en el núcleo principal de la aplicación del sistema binario en el mundo y toda su extraordinaria tecnología digital no es otra cosa que la traslación al universo de las radiaciones electromagnéticas de lo que Pingala concibió y luego Leibniz desarrolló y completó. Pero Uds. pretenden dominar el mundo con esta tecnología y yo quiero explicarles que si lo hacen, habrán entendido sólo una parte de lo que Pingala y Leibniz quisieron decir. Y esto me parece peligroso y erróneo. Por eso he venido.
– Vaya, de modo que viene a darnos lecciones. Y serán lecciones de filosofía o religión, materias en las cuales no estoy ducho, ni falta que me hace. Además, a la vista está lo que ya hemos logrado y vamos a seguir logrando, gracias a la revolución digital. Si resulta que eso es sólo una parte de lo que sus maestros quisieron decir, explíqueme lo que nos hemos dejado.
Sebastian Thrun le invita a sentarse con una sonrisa maliciosa y perdonavidas. Le ofrece café de una cafetera que parece no descansar día y noche.
– Por favor, Sr.Thrun, no me malinterprete. Lo que le he dicho no es ninguna crítica o reproche. Sólo la constatación de que en esta formidable revolución, como Ud. la llama, se están soslayando aspectos que me parecen esenciales. Mi conciencia de filósofo y matemático imbuido de nuestra espiritualidad hinduista, me empuja a tratar de explicárselos.
Veamos: Uds. aplican el sistema binario para la transmisión de información; es decir, tanto la imagen como el sonido se representan por números en un sistema de base dos, o sea sólo el 1 y el 0. Estos dos estados son además mutuamente excluyentes, uno u otro, sin puntos medios. Con eso han superado en velocidad, precisión y nitidez al anterior sistema analógico, que significaba análogo o relativo a las magnitudes reales, representadas en forma de ondas. Pero este salto cualitativo olvida los puntos medios, los matices, lo invisible, lo probable, lo imaginable, que sólo se podrían transmitir con base uno, en vez de base dos.
– Oiga, Sr. Pingala, llevo tiempo investigando el sistema digital, pero le confieso no entender su idea de operar con base uno. ¿Qué base sería ésa?
– Esto que le digo es una intuición, basada en los Vedas. Según nuestros antiquísimos libros sagrados de la India, toda la realidad debe converger en UNO, o sea la unidad esencial, llámela Dios o como Ud. quiera. Por otra parte los estados intermedios de la vida, que fluyen de manera continua y que lo analógico trataba de transmitir con crecientes dificultades, también incluyen pensamientos, sensaciones, deseos, todo lo invisible pero igualmente real. Esto, con el sistema digital no se capta ni se transmite. Pero los Vedas dicen la verdad, todo no es “uno” o “cero”, todo es UNO. Por consiguiente hay que buscar el sistema que permita transmitir la realidad integral, comenzando por el pensamiento y la imaginación. De otro modo la humanidad estará supercomunicada y robotizada, pero la parte oculta de la realidad no se conocerá y no permitirá que el mundo sea realmente mejor.
– Todo eso suena muy bien, aunque sea difícil de imaginar. ¿Acaso Ud. me quiere vender la fórmula para operar con su base uno?
– Yo no le quiero ni le puedo vender nada, porque esto también me supera a mí. Yo no conozco la fórmula, pero le lanzo a Ud. este reto para tratar de encontrarla. Porque Uds. son el laboratorio de ideas más avanzado del planeta, y nadie mejor que Uds. para intentar hallar el modo de progresar con la tecnología digital – después de pasar del sistema decimal con base 10 al binario con base dos – pero logrando al mismo tiempo superarla y responder así a lo que mi maestro Pingala quiso desentrañar, sin más ayuda que su brillante intelecto y su intuición derivada de los Vedas, que él conocía muy bien.
Al día siguiente, Larry Parker se presenta en el despacho de Sebastian Thrun y le pregunta curioso por el resultado de la visita inesperada del día anterior.
– Mira Larry – le contesta Thrun con aire ausente – yo soy ateo. Pero ayer tuve la extraña sensación de recibir a un mensajero de algo o alguien superior a nosotros. No sé si acabé de entender lo que me dijo. Pero sí sé que a partir de ahora vamos a trabajar en un nuevo proyecto, al que daremos el nombre de “Proyecto Vedas”.
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