“Nuestro líder necesita una líder”, concluyeron. Se pusieron manos a la obra. Repitieron los pasos que les habían encaminado hasta la construcción del líder, pero añadieron un pequeño chip en el pecho del otro robot, al que llamaron “hígado”, para confundir al espionaje y a la contra que seguramente acechaba desde todos los puntos del Universo.
Mientras el líder repetía: “Nos defenderemos del pueblo incluso, si es necesario”. La líder le decía: “Amor. Perdón. Condescendencia. Libertad”. El líder se enfadaba mucho, y a veces sentía deseos de golpearla, pero con sólo levantar su mano la líder bajaba la cabeza, y ese signo de sumisión era suficiente para tranquilizarle. Además, los materiales en los que había sido trabajado el robot de la amante esposa, eran muchos más nuevos y resistentes que los de su marido, ya en desuso.
Un día entro el líder a su habitación y le dijo: "Quiero hacer el amor. Contigo”. La esposa asustada, le dijo: “Me duele la cabeza”.
El líder, confundido, escogió a otra compañera, pero no quedó satisfecho. Le había rechazado su verdadera esposa. Se planteó si no era sexo lo que buscaba, sino una unión armoniosa con su compañera.
Al día siguiente, el líder volvió a entrar en la alcoba de su mujer, y le repitió: “Quiero amor contigo”. La mujer le respondió: “Si quieres yo puedo darte caricias, pero sólo eso. Ya sabes que tu amor es mucho más grande que el mío, y me produce un intenso dolor cuando me amas. Me siento invadida”.
“Antes de que te invadan otros, invadiré yo”, contestó el líder: “Defiéndete con todas tus armas de guerra”, dijo, pero en su cerebro se registró perfectamente la paradoja, y prosiguió: “Todo eso cambiará sólo por un pequeño beso de amor”.
Al día siguiente, el líder probó suerte una vez más, y otra, y otra, hasta que su mujer le dio una oportunidad: “Si amas a los demás, podrás amarme a mí.”
El líder no pudo creer lo que sentía en su pecho y exclamó: “Parece que llevase un pájaro en mi pecho”. La mujer le contestó: “Déjalo escapar, y ven a mi lado”.
(*) Enrique Mochales, escritor y pintor. Su blog Como sujetar un cocodrilo supone una novedosa iniciativa de incisivo columnista en el escenario digital. Entre su obra, Mermelada amarga (Ed, Margen cultural, 1993); La fragilidad de la porcelana (Ed. Alberdania, 2010), y Esclavo de la luz (Ed. Punto Rojo, 2013).




