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LA EDAD DEL CYBORG

El hombre objeto como respuesta a la mujer florero

¿Incompatibilidad de caracteres? Evidentemente un hombre normal no tiene la suavidad de un oso de peluche, y algunos no son tan ni serios ni elegantes como un carillón.

Hechosdehoy / Enrique Mochales
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A una mujer residente en Madrid, P.F., se la encontró en la cama con su propio aspirador bajo las sábanas. Según parece, dormía con él todos los días de la semana, y desde entonces sus relaciones con el objeto eran mejores que las mantenidas con su antiguo marido, del que se separó no hace un año. A la señorita D.F., residente en Sepúlveda, se la sorprendió con una fregona, arguyendo la mujer argumentos parecidos a los de la señora P.F. Prefería un objeto al hombre la que hizo sufrir durante meses, que ocupaba mucho espacio en la cama, y que, por si esto fuera poco, roncaba como un animal.

Muchos han sido los casos similares a éste, entre mujeres de todas las edades. O.N. dormía con un flexo todas las noches, G.J. prefería hacerlo con una escalera, y E.R. se consolaba con un reloj carillón que no marcaba las horas ni la despertaba de madrugada. R.U. declaró que dormir con un simple osito de peluche de dimensiones gigantes era mejor que dormir con su ex, que había tenido que abandonar la casa por tal motivo. ¿Incompatibilidad de caracteres? Evidentemente un hombre normal no tiene la suavidad de un oso de peluche, y algunos no son tan ni serios ni elegantes como un carillón.

El hombre objeto ha entrado así en el cuarto de la década como respuesta de la mujer florero. Muchos son los casos se mujeres que dormían con sus i PAD en la almohada, pero estremecedor el caso de F.T. que dormía en Barcelona con un ventilador encendido. ¿Por qué los hombres van siendo destituidos por los objetos? Ello es un misterio todavía para investigadores y psiquiatras.

De todos los conocidos, el extraño caso de D.G. ha sido muy comentado, al compartir ella lecho conyugal con una máquina de coser. Siendo el trabajo de costurera el suyo, había acabado enamorándose de su compañero, hasta su primera experiencia en el tálamo. Ella afirmó que ningún hombre la había proporcionado tanta confianza y placer como su máquina de coser. Ante lo extravagante de sus afirmaciones entró en el programa de R.M.O. (Rehabilitación de Mujeres Objetofílicas), cuya terapia no sirvió para nada. La máquina superaba al hombre.

Se empezaron a oír peticiones de permiso de matrimonio con objetos al papa Francisco. Muchas de las mujeres autoras de éstas peticiones, declaraban que la plancha pasaba muchas más horas con ellas que sus antiguos maridos.

Lo malo es que ahora comienzan a aumentar las mujeres que no han tenido hombre, sino objeto, por compañero desde la primera vez. Los cepillos, las sillas de madera abatibles, los cojines del sofá, las plantas de salón, los cuadros y hasta los lavavajillas averiados han ocupado el lugar del macho, quiérase o no. Las autoridades están pues, bastante preocupadas.
 
Cada uno puede dormir con quien le dé la gana, pero, ¿y la maquinaria de la reproducción humana, y las pensiones? Todo podría irse al carajo si las mujeres llegan a ser embarazadas por alguno de estos objetos, y surge la edad del cyborg, nuevo ente que es capaz de poblar las mentes más inquietas e imaginativas, científicamente hablando, de la élite dominante.

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