-Hola guapo, ¿querías algo?
-Sí, a ti y tu compañía.
-¿Cómo dice?
-Que eres encantadora.
-Jajajajaja, eso se lo dirás a todas.
-Pues es la primera vez que me invento la palabra.
-Ay, parole, parole, parole… ¿Subes?
-Cómo no mi bellísima dama.
-Por las escaleras caballero. Siento que no haya ascensor.
-Da lo mismo, entrenaré a mis gemelos.
-¿Cómo dice?
-Que me vendrá bien un poco de ejercicio antes de descansar.
-Jajajajajajajajajaja…
-Risa de cascabel, o mejor, de cabaret.
-J´ne comprends pas.
-¿No compras pan?
-Sí, todos los domingos.
-Así me gusta, como un hombre de verdad.
-Quítatelo todo. Sobre todo la vergüenza.
-¡Cómo me conoces!
-Aunque tú no lo sepas, de toda la vida…
-¿?
-Nada, tonterías mías. No quiero hacer el amor, quiero charlar.
-Mmuuáasss.
-Déjalo, no hace falta.
-Entonces, ¿qué quieres?
-Un poco de tranquilidad, nada más.
-¿En qué trabajas?
-Pues… soy gigoló.
(*) Enrique Mochales, escritor y pintor. Su blog Como sujetar un cocodrilo supone una novedosa iniciativa de incisivo columnista en el escenario digital. Entre su obra, Mermelada amarga (Ed, Margen cultural, 1993); La fragilidad de la porcelana (Ed. Alberdania, 2010), y Esclavo de la luz (Ed. Punto Rojo, 2013).




