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TESTIGOS MUDOS

Cataluña: Diálogo para besugos, desnudos en una piscina de agua salada

Dos amigos desde la infancia, ambos catalanes, uno residente en Madrid, desgranan sus ideas sobre el futuro de Cataluña con un gin tonic en la mano y a calzón quitado.

Hechosdehoy / Germán Loewe
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Suena insistente el móvil de Damián Comas.
 
–  Al habla Damián, ¿quién es?
–  Hola Damián, soy Toni Fuster. Tengo una llamada tuya.
–  Hombre Toni, amigo mío. ¿Cómo estás? Efectivamente te llamé ayer. ¿Tienes un minuto?
–  Por supuesto. Además te diré que estoy contento y esperanzado con la lista única para las elecciones catalanas del 27 de septiembre. Por fin hay progresos y hemos entrado en la senda de la sensatez.
 
–  Bueno Toni, la senda a la que te refieres para mí es lo contrario, la de la insensatez. Llevamos camino de meternos en un buen lío, por no mantenernos en la legalidad. Por eso te llamaba. Porque tal como están poniéndose las cosas, me gustaría mucho tener una charla contigo a solas e intercambiar argumentos desde nuestras respectivas posiciones.
 
–  Damián, cuenta conmigo como siempre. Nos vemos cuándo y dónde tú digas. A lo mejor hasta logro convencerte.
–  Perfecto Toni. Mientras me convenzas y no me venzas…
Te invito mañana a bañarnos en la piscina de agua salada de mi finca en el Ampurdán y luego a comer mano a mano. Quiero que la conversación la tengamos metidos en la piscina, que está fresquita, y con un gin tonic en la mano. Ah, y con una condición: nos bañaremos desnudos y completamente solos.
–  Caray, Damián, ¿es que te has vuelto nudista de repente?
–  No, pero creo que para desnudar nuestras mentes es una buena condición hacerlo, habiendo desnudado previamente nuestros cuerpos. Así nos sentiremos libres de todas las inhibiciones.
–  De acuerdo Damián. Acepto tus peculiares condiciones para un diálogo y te agradezco la invitación. Estaré allí mañana a las doce.
 
Al día siguiente Damián y Toni, amigos íntimos desde el colegio, están ya inmersos de pie, sin bañador, en la zona poco honda de la piscina de Damián. Cada uno agarrado a su gin tonic, bajo el calor canicular de este mes de julio. De repente Toni da un respingo.
–  Oye, Damián, me parece haber visto peces en tu piscina. ¿Qué otra novedad es ésta? Espero no poner en peligro mis vergüenzas.
–  Tranquilo Toni. Son inofensivos, aunque parezcan grandes. Como me gusta cada vez más sentirme en la naturaleza, pues crío peces, que luego pesco y me como ocasionalmente.
–  Me parece que el sol te ha sobrecalentado. Espero que a tus ideas no les haya pasado lo mismo.
 
–  Bueno Toni, vayamos al grano. La verdad es que estoy muy preocupado con lo que está pasando en Cataluña. Yo hace años que vivo y trabajo en Madrid. Sólo paso aquí los veranos en mi finca. Esta circunstancia de vivir fuera me da una visión más distante y creo que más objetiva. Pero soy tan catalán como tú y me siento catalán hasta la médula, aunque también me siento español. No puedo entender cómo en pleno siglo XXI se os ocurre querer separaros de España, después de 500 años juntos. Y más en una Europa que tiende a la unión y a la superación de los estados nacionales. Es retrógrado, absurdo, no lleva a ninguna parte y menos si pretendéis saltaros la legalidad democrática vigente, que arranca de la Constitución de 1978 y que Cataluña también aprobó muy mayoritariamente.
 
–  Para el carro, Damián, y déjame explicarte. No es verdad que queramos saltarnos la legalidad. Lo que queremos es forzar al máximo para que esta legalidad se cambie y se adapte a lo que una mayoría del pueblo catalán desea y aspira. Hay quien dice que esto es de hace dos días. Pero no es cierto. Esto se remonta a 1714, cuando Cataluña perdió sus fueros y fue férreamente centralizada, en contra de una tradición que se pierde en la Edad Media, en la Marca Carolingia, en los Condados y en la Corona de Aragón.  

Todo esto fue mantenido y respetado por los Austrias, hasta que los Borbones lo suprimieron de un plumazo. Y aunque parezca que hablo de historias pasadas y superadas, y de nostalgias nacionalistas trasnochadas, lo cierto es que ya desde entonces (la derrota de 1714) Cataluña ha coexistido en España con frustración y esa especie de corriente subterránea del sentimiento nacional, la identidad y la lengua ha seguido existiendo sin interrupción 300 años. A veces de manera casi oculta, pero siempre viva en nuestro subconsciente.

Después de la etapa franquista, que no pudo tampoco aniquilar esa corriente, viene la democracia y una cierta esperanza. La transición crea un estado de autonomías, diseñado un poco con tiralíneas, y se aprueba la Constitución en 1978. Es verdad que nos apuntamos a ella como un primer paso, al restaurarse la Generalitat. Pero no voy a aburrirte con todo lo que vino después.

Cataluña no quiere ser políticamente equiparada a Murcia o a Cantabria, porque queremos que se nos reconozca nuestra identidad nacional y poder decidir nuestro futuro político en libertad. Por eso pedíamos la consulta. Pero el Estado no transigió, por falta de voluntad política más que por lo que decía la Ley, ya que existían caminos. Por eso estamos ahora donde estamos, es decir, en la legalidad total de unas elecciones autonómicas que pretendemos sirvan para clarificar de una vez lo que quiere la mayoría del pueblo catalán.
 

–  Toni, prepárate otro gin tonic. Te diré que he seguido tu discurso y comprendo tu argumentación, porque hasta yo, desde lejos, siento también esa corriente de identidad nacional a la que te refieres. Sin embargo creo que precisamente la democracia que tenemos debería hacer posible discutir este problema y lograr adaptar las leyes a los deseos del pueblo. Siempre dentro del marco legal. Es decir, elecciones, modificación de la Constitución y del Estatuto, debate, transacción, compromiso, acuerdo. Pero nunca a las bravas, con llamadas secesionistas, con anuncios de proclamaciones del Parlament, inicio de procesos constituyentes, etc. Esto es lo que da pie a que el Estado y toda España nos rechace y se indigne.
 
– Pero Damián, todos esos caminos legales y democráticos que defiendes, ya los hemos intentado sin éxito. La cerrazón del Gobierno y del Estado es total. Nadie se toma la más mínima molestia en venir a Cataluña y analizar a fondo lo que la gente siente. Porque te recuerdo que más allá de todas las razones económicas, fiscales o lingüísticas, están los sentimientos. Y a ésos no se les puede reprimir, ni con leyes, ni con policía o ejército. Por eso queremos un estado propio, independiente o confederado con España. Eso ya se verá. Pero si no escuchamos de una vez a la gente y luego presionamos en consecuencia, nada va a cambiar y la frustración irá en aumento.
 
– ¿Y si el resultado de esa votación da una mayoría pelada de escaños pro independencia (que con la Ley d’Hondt podría incluso no corresponderse con mayoría de votos)? ¿Crees de verdad que eso bastaría para legitimar vuestro famoso “proceso”? Conociéndote, estoy seguro de que no lo crees. Para un tema de esta trascendencia se debería requerir mayoría cualificada de votos (no escaños) y también un porcentaje de participación electoral no inferior al 70% de los ciudadanos con derecho a voto. Sólo en ese supuesto el Estado debería reconocer la necesidad de negociar una solución.
 
Por otra parte, Toni, no descartes un escenario de derrota del independentismo y de la famosa lista única. Y te lo digo porque de los aproximadamente 5,5 millones de catalanes con derecho a voto, sabemos que unos dos millones votarán seguro pro independencia. Pero ¿qué pasa con los 3,5 millones restantes? Si los Podemos, PSC, Ciudadanos, Unió y PP son capaces de movilizar a buena parte de esos votantes, podrían daros un buen revolcón. ¿Y entonces qué?
 
–   Desde luego como demócrata que soy, te digo que en el escenario que describes, deberíamos aceptar el resultado y actuar en consecuencia. Aunque no creo en tus previsiones ni en las famosas encuestas y estoy convencido de que nuestra causa tiene mucho tirón. Al final muchos indecisos optarán por lo que proponemos, es decir, construir un nuevo país y tratar de mejorar el actual. Que conste que todo esto no va contra España ni los españoles, sino que va contra un Estado inflexible, con el que no comulgamos, sea de derechas o de izquierdas. En cuanto al tema de la mayoría suficiente que planteas, te contesto que en puridad tienes razón. Pero aquí no se trata de puridades, aquí se trata de aprovechar al máximo una posible mayoría absoluta, aunque sea la mitad más uno, para llevar adelante un proyecto bueno y conveniente para Cataluña. Y si se nos brinda esta oportunidad histórica, basada en elecciones democráticas, yo apoyaré un proceso de máxima presión sobre Madrid, para que negocien y logremos alcanzar nuestro objetivo.
 
–   Vaya argumentación práctico-utilitaria la tuya, Toni. Impropia de tu habitual dialéctica cartesiana sin concesiones. No sé si los gin tonics se te han subido o si para ti el fin justifica los medios, como para Maquiavelo. Porque dime: si tras las famosas elecciones sacáis esa mayoría pelada y os disponéis a negociar, pero el Gobierno no afloja y sigue diciendo que la soberanía no se negocia (y menos ante una mayoría escuálida), entonces ¿cómo sigue la película?
 
–   Mira Damián, si nos ponen en el disparadero, habría que optar in extremis por una declaración unilateral de independencia. Pero me adelanto a decirte que estoy seguro de una posición favorable a la negociación por parte de la Unión Europea, si ganamos por mayoría absoluta. No creo en el discurso del miedo.
 
–   Pues Toni, ojo con lo que hagáis, que esto se puede poner muy feo. En todo caso, espero que tengáis la inteligencia de esperar el resultado de las generales antes de fin de año, y no comencéis enseguida con declaraciones precipitadas y provocadoras. Además, estoy seguro de que los que gobiernen después de las generales estarán más abiertos al diálogo y la negociación, que los actuales.
 
–   Ay Damián, no seas inocente. Creo que los nuevos, en este asunto serán como los actuales, incluyendo a Podemos. No hay comprensión y voluntad política en España y sólo entenderán la fuerza de los catalanes unidos. Porque además el cacareado federalismo que propugnan los socialistas suena a cataplasma tranquilizadora para ganar tiempo. Al fin y al cabo, ya tenemos una especie de federalismo con el estado autonómico actual. Lo que hace falta es crear una confederación de estados, que incluya a Cataluña y Euskadi, con un régimen de solidaridad fiscal y con la llave de la propia caja, como la tienen ya los vascos. Todo lo demás será perder el tiempo y el problema seguirá vivo y sin resolver, incluso si nosotros perdemos estas elecciones. Si no entienden esto – y soy muy pesimista al respecto – el problema del encaje catalán y vasco en España seguirá enquistado.
 
–  Bueno Toni, quizá sea hora de salir de esta piscina de los diálogos desnudos y ponernos a disfrutar de una buena comida. Pero como remate te voy a decir mi conclusión personal, más allá de todas nuestras disquisiciones: España, el Estado Español, los poderes económico-financieros y militares (y hasta eclesiásticos, si me apuras) JAMÁS cederán o aceptarán que Cataluña se separe. JAMÁS. Y para evitarlo harán lo que haga falta, incluyendo usar la fuerza.
 
–  Pues mira, Damián, no vas desencaminado. Por eso mismo estoy seguro de que negociarán lo que convenga, con tal de impedir la secesión. Y entonces estaríamos en el buen camino. Por cierto, Damián, tengo curiosidad por saber qué tipo de peces crías en esta piscina. Parecen testigos mudos de nuestro diálogo.

–  
Besugos, Toni, besugos.

– Ver en Hechos de Hoy, La tertulia: cómo no caer en el mismo tedio de todas las cadenas de televisión.

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