-Mañana me voy a Castro.
-¿Para qué?
-Para ver a la mujer con la que perdí la virginidad.
-Eso es importante.
-La invitaré a comer.
-Y a cenar.
-Quizás.
-¿Qué ocurrió en ese pueblo, Flaviobriga, cuando los antiguos romanos?
-Pues que una mujer me tomó de la mano en una romería.
-¿Tan sólo eso?
-¿No te parece importante?
-Qué bonito es Castro, qué bonito es Castro, y con sus castreñas…
-Quién pudiera ir, quién pudiera ir a bailar, con ellas…
-Qué suerte tienes.
-¿Por qué?
-Porque después de tanto tiempo una mujer te reclama.
-Ni me reclama, ni me ama.
-Eso es lo mejor, empezar otra vez.
-Sí señor. Ahí te he visto, estabas en Castro, bajo una tormenta de verano.
-Sí, las tormentas de verano, a veces, me recuerdan a ella.




