Y me dijo el taxista:
-¿Con lo que está nevando?
-Sí, le respondí. El Ayuntamiento debería homogeneizar las horas de los transportes públicos, porque de lo contrario esto es un caos. Hemos llegado al Metro y no había, pero, sin embargo, el tranvía seguía funcionando.
-Joé, qué locura.
-Si: Bilbao es el “encantamiento” que tiene.
-Yo he abogado siempre por una ciudad libre de coches. Sólo para peatones y taxis o carrozas. Todas las ciudades del mundo deberían de ser así.
-A ver si es verdad.
-Tardaremos en verlo 150 años.
-¿Usted cree?
-Yo espero vivir hasta la mitad.
-No me diga esas cosas, ande, que está nevando.
En aquél momento pasábamos junto al Gobierno Civil.
(Hermoso palacio).
-¡Como nieva! ¡Es fabuloso! ¡Año de nieves, año de bienes!
-Año de que vienes tú a tomar un taxi –dijo el taxista.
Así empezamos a tutearnos:
-Nos vamos a algún otro lugar. Tú dirás. Si quieres te llevo donde viva tu novia.
-Uf, yo no tengo, no sólo está alejada en el tiempo. Sino también en el espacio. Deberíamos coger la vía de las Perseidas, o la puerta de Tannhäuser.
-Amigo mío. Estás equivocado. Ella se encuentra a un solo paso de aquí.
En el paso de cebra había una señorita a la cual desconocía. Pero su forma de avanzar decididamente pisando las rayas blancas me cautivó. Me sedujo. La nieve se derritió a su alrededor.
– (*) Enrique Mochales, escritor y pintor. Su blog en Hechos de Hoy, Como sujetar un cocodrilo, supone una novedosa iniciativa de incisivo columnista en el escenario digital. Entre su obra, Mermelada amarga (Ed, Margen cultural, 1993); La fragilidad de la porcelana (Ed. Alberdania, 2010), y Esclavo de la luz (Ed. Punto Rojo, 2013).




