-No seas tonto, les amas a los dos porque debes hacerlo: mamaste simbólicamente de ambos.
-Pero, ¿por qué debo hacerlo? ¡Por qué he de amar a dos arrogantes que me trajeron al mundo para perpetuar su amor, y que después no supieron cuidar de mí!
-Porque ellos te aman.
-¿Crees que ésa es razón suficiente?
-Si ellos no te hubieran traído a este mundo, ni siquiera estarías aquí, juzgándoles.
-Evidentemente, eso demuestra que tienen la culpa de todo.
-Muy por el contrario, el que tiene la responsabilidad –que no culpa- de todo eres tú. Ya eres un ser independiente de ellos. No puedes reclamar daños y perjuicios a esta edad. No puedes odiarles, ni quizás tampoco amarles, aunque se divorciasen después de tenerte. Simplemente constatar que son tus padres, y que les debes la posibilidad de reproducirte por amor.
-Entonces, ¿no puedo criticarles?
-Ten en cuenta que has recibido la herencia genética que te hace ser crítico con ellos.
-Así que la Existencia es una trampa.
-En ese aspecto, sí. Debes apechugar con todos los malos ratos que te hayan hecho pasar, pues de lo contrario, no serás digno de ellos ni de ti mismo. Si luchas contra tu padre o tu madre lucharás contra lo peor y lo mejor de ti mismo.
-No puedo creer lo que me estás diciendo.
-Yo tampoco. Pero es ley de vida. Un ser no puede odiar a su creador, pues estaría poniendo en serio peligro su capacidad de reproducirse de nuevo.
-Esta conversación me está pareciendo cada vez más grotesca.
-A mí también. ¿Cómo llamaremos a nuestro vástago?
-Como mi padre no, desde luego.
-Como mi madre tampoco.
-¿Y si abortamos?
-Piensa en la pensión.
– (*) Enrique Mochales, escritor y pintor. Su blog en Hechos de Hoy, Como sujetar un cocodrilo, supone una novedosa iniciativa de incisivo columnista en el escenario digital. Entre su obra, Mermelada amarga (Ed, Margen cultural, 1993); La fragilidad de la porcelana (Ed. Alberdania, 2010), y Esclavo de la luz (Ed. Punto Rojo, 2013).




