Un terremoto es un temblor, un escalofrío, un palpitar de la piel del cráneo terrestre. Se puede prever, pero no se puede hacer nada por evitarlo con las tecnologías actuales. Los edificios han de permanecer tiesos y flexibles como el bambú.
¿Para qué sirve un terremoto? Para que las fisuras se unan, para encajar el cráneo de Gaya. El pánico se generaliza cuando este fenómeno es más violento, y necesita de puntos de sutura entre las placas tectónicas.
El último terremoto sufrido en Madrid indica que en Iberia hay “movida”.
Mientras pensaba esto, veía los cuerpos danzantes alrededor, al son de la música electrónica, y comprobaba que no se caían, sino que se mantenían en equilibrio como juncos.
No es tan malo que un terremoto te pille en una discoteca, me dije para mis adentros, si ésta tiene los techos preparados, claro está.
Llega el momento de construir edificios más inteligentes al alcance de todos los bailarines, reflexioné.
Una mujer comía una manzana en la discoteca.
-¿Me das un poco? – le pregunté.
-Claro, dijo ella, y el terremoto cundió entre mis mandíbulas, cuando mordí aquella mañana una manzana roja intensa, llena y brillante como una fruta de cera.
Un vídeo surrealista…




