Estábamos en la calle de Juan de Ajuriaguerra, exponiendo nuestros cuadros, y pensé: ¿No sería este un buen lugar para poner un mercadillo de arte todos los domingos?
Sonaba la taxalaparta fusionándose con el ácid jazz y pense: ¿No sería este un buen lugar? Nada que envidiar a Montmartre, a Pigalle ni al Sacré Coeur, simplemente Ajuriaguerra, una calle a la que los franceses darían su nacionalidad si pudiesen. Los franceses, hereditarios de Chauvin, tienen mucho que enseñar.
Y también los fantasmas ingleses beben de la misma fuente de lo deseos. Aquí tenemos la calle 2 de Mayo, ellos Camdentown.
Pero, en fin, las autoridades tienen mucho que hacer, que planificar, que augurar, y que propiciar. Creo que es una buena idea no tener que ir a New York para ver buenas exposiciones, buenas librerías y sueños de futón y lamé, de moraé y de plumas.
Los espectros de Frida Kahlo, las escenas de Francis Bacon, el Action Painting, serán la sombra para los turistas en su cálido verano.




