El ciudadano vasco-finlandés Erko Reka se percató un buen día de que el dicho judaico que le contaba su abuela de origen húngaro afincada en París: “Araignée de matin, chagrin; araignée de soir, espoir”, añadido a sus simpatías por el budismo -imbuídas por un tío suyo japonés- y a la traumatizante aprensión familiar de una hermana histérica que nació en Transylvannia de casualidad, le impedían desalojar por la fuerza a la araña que descansaba en la pared de su cuarto, al menos hasta que la localizase su gato, un sicario que, por cierto, era de Persia.
La araña había llegado volando desde Gran Bretaña, cruzando intrépidamente el estrecho agarrada a un hilo de seda, despegándose de la otra mitad del grupo que cogió camino hacia Alemania, concretamente hacia Düsseldorf, para instalar sus telarañas. Erko Reka decidió prepararse un té rojo de la India, en una tacita que tenía los retratos del príncipe Carlos y Lady Di, mientras murmuraba en francés: “Je m´ enmerde”.
Después de tomar un sorbo, abrió la ventana y, generosamente, brindó la libertad a la araña, diciéndole adiós en varios idiomas. Sin embargo, la araña se negó a marcharse, y fue entonces cuando probó la calidad de la suela de los zapatos italianos del señor, que no se arrepintió de nada, aunque se había cargado a una araña de mundo, con familia en Argentina.
– Enrique Mochales es un excéntrico de la literatura. Después de estudiar Bellas Artes dio el salto y se dedicó a escribir libros de relatos cortos, novelas y poesía, con los que consiguió varios premios literarios. En el colegio, fue descalificado del concurso de redacción de Coca Cola, porque no creían que un muchacho de tan corta edad fuese a escribir como un adulto. Vive en Bilbao.




