¿Por qué? Nadie lo sabe. Quizás solamente ellos hayan tomado conciencia de su debilidad, y se hayan refugiado en las cloacas.
A una sola voz de aviso, miles de millones de euros han iniciado un peregrinaje por los paraísos fiscales, desmembrándose, ocultándose bajo seudónimos, repartiéndose entre los beneficiarios de formas que sólo conoce el proceso de corrupción de un zombi. Los corruptos huelen mal, pero, a veces son inteligentes, y saben esconder su rastro de fortunas podridas para que no se consiga averiguar su paradero.
Parece que los corruptos han sido por fin aniquilados, pero nada más alejado de la realidad. Después de someterse a unas cuantas sesiones de cirugía patrimonial, se han mezclado entre la gente honrada, lo que ellos llaman “la plebe”. Algunos de los que antes fueron cazadores de corruptos son corruptos también ahora, por el contagio. Nadie sabe en esta ocasión dónde se han metido, ni siquiera sus mujeres pueden imaginar que han estado durmiendo con un muerto viviente.
En el escenario actual, muchos de ellos se han reunido en sótanos oscuros para reorganizar las mafias de corruptos, y reconfigurar su estado de impunidad anterior. “Resiste y vencerás” es su lema, sólo hace falta esperar que la tormenta amaine, manteniendo sus tesoros bien ocultos entre los enseres del Pueblo, allí donde nadie los va a buscar.
ONG´s y asociaciones sin ánimo de lucro son sus zulos preferidos. Dejando propina, pueden introducirse en cualquier organización no gubernamental y pasar desapercibidos. También los hay que dejan sus botines en manos de expertos financieros, que los invertirán, los dirigirán aquí o allá, y jugarán con ellos como si de un mazo de cartas de póker se tratase.
Siguen teniendo miedo. En sus casas, o en las casas de sus amantes, establecen consignas de autoprotección. “Si llamo dos veces no me abras”, dicen: “Seguro que no soy yo. He de llamar tres veces para que me quites el cerrojo.” No obstante también están los vampiros que se aprovechan de los corruptos y les hacen chantaje. Adquieren beneficios con la amenaza de revolver turbios esqueletos en el armario, y roban a los ladrones.
Pero “el que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón”. Así que lo nuevos corruptos que andan sobre las cenizas de los viejos, pueden escalar, con la experiencia adquirida, montañas de beneficios que serán suyos, y se repetirá el Circo de los Corruptos. Esta vez serán nuevas caras, nuevas generaciones, más listas, más preparadas. Hablarán inglés o chino y se auparán a puestos sociales de renombre.
Porque la corrupción es una enfermedad pandémica, que, como la energía, no nace ni muere, sino que se transforma.
(*) Enrique Mochales, escritor y pintor. Su blog en Hechos de Hoy, “Como sujetar un cocodrilo”, supone una novedosa iniciativa de incisivo columnista en el escenario digital. Entre su obra, “Mermelada amarga” (Ed, Margen cultural, 1993); “La fragilidad de la porcelana” (Ed. Alberdania, 2010), y "Esclavo de la luz" (Ed. Punto Rojo, 2013).




