Tenga cuidado y no escriba “libertad”, “revolución” o “quedamos a las siete”, porque es posible que haya alguien, probablemente una máquina, que estará clasificando cuántas veces dice usted la misma palabra peligrosa, para hacerle o no candidato a un seguimiento más riguroso.
Está claro que nos espían. Así que se impone la adopción de unas claves seguras para anular la custodia de San Internet. Por ejemplo, cuando vaya usted a hablar de libertad, asegúrese de teclear “bocadillo de chorizo”. Por ejemplo: “¿Tú no quieres un bocadillo de chorizo”. Y el otro contesta: “Claro que sí tengo hambre de embutidos”.
Lo que la máquina, o la persona, que esté controlando su ordenador, no sabe que lo que quiere decir “bocadillo de chorizo” es libertad, y mucho menos que lo que le responde por el disfraz “embutidos”, en realidad significa “tengo hambre de justicia social”.
Pero ello plantea un problema, ¿qué pasa si el que dice “bocadillo de chorizo” quiere en realidad un buen bocadillo de chorizo, y no otra cosa? Pues sencillamente tiene que decir “del picantito”. Y el otro ha de responder “tengo uno delicioso en mi casa”, y ahí está montada la asociación de comedores de bocadillos ilícitos, que se llevan además un par de cervezas, lo que en lenguaje de contraespionaje quiere decir “unas cuantas ideas para progresar sin llegar a la revolución”.
Por supuesto, las contraseñas han de modificarse semanalmente, porque si no les tendríamos a nuestros pobres personajes comiendo chorizo todos los días, pero ello se arregla gracias a que, con la práctica, se desarrolla todo un sub-lenguaje de contraespionajes que se va mejorando a lo largo de los meses.
Ya la gente habla por clave en los chats de Internet, y el que dice “Tengo ganas de hacer el amor contigo, cielo”, en realidad quiere decir “tengo ganas de hacer contigo el amor cielo”, y ello despistará a los miles de oficinistas, que, en una sala de descodificación subdividida en habitáculos independientes e insonorizados que sólo se pueden observar por sus techos abiertos, analizan la manera de comunicarse de los anti y los pro sistema, lo cual ahora se dice al revés, pues la palabra significa su contrario.
En este orden de cosas, la torre de Babel ha llegado a su punto más alto, y es la pesadilla de los académicos de la RAE, que intentan buscar el verdadero y profundo significado de las palabras “quiero un bocadillo de chorizo”.




