Todo se pone de moda. Se pone de moda la Barbie, se ponen de moda las tabletas de chocolate y los pechos depilados, se pone de moda no llevar bragas, se pone de moda criar cocodrilos, se pone de moda el chándal, se pone de moda la playera, se pone de moda la marca de moda, se ponen de moda las calcomanías en los brazos de los niños, se ponen de moda los chicles con sabor a fresa ácida.
Todo se pone de moda. Se ponen de moda los tatuajes y los tangas, se ponen de moda los ciclones con nombre de mujer, se ponen de moda las fiestas de playa, se ponen de moda los tiburones, se ponen de moda las moscas, se ponen de moda las gambas a la plancha, se ponen de moda la minifalda y los tacones, se ponen de moda las bermudas y las chanclas.
Todo se pone de moda. Se ponen de moda las mariposas negras y las turbulencias de los “boeings”. Se ponen de moda los surcos de aviones en el cielo, cruzándose en la estratósfera de las soledades. Se ponen de moda los trípodes de las jirafas, y los corazones de los hierofantes surcan alados los cielos sobre el inmenso mar que se disputan las golondrinas que llevan a los turistas a alguna playita en una isla cercana.
Se pone de moda el amor bajo el soportal, se ponen de moda el tal y cual, las duchas de la playa y el sol sobre las abejas zumbadoras que, día tras día, salvan el mundo.




