Sáhara, ¿un espejismo del pasado, un ir y venir de las multinacionales del petróleo, una invasión marroquí tras la “Marcha verde”.
Sáhara: ¿un destino para hombres fuertes de espíritu, capaces de soportar una tormenta en el estómago de sus camellos vaciados?
El Sáhara me duele en los pies, mis huellas aún persisten en sus arenas sin haberlas tocado, porque yo estuve allí, mentalmente hablando, haciendo la ruta de la tela, los diamantes, y el marfil. Por aquél tiempo había ballenas de arena, como los gusanos de la película de las dinastías, pero en el Sáhara son republicanos, se le llama República Independiente del Sáhara.
Mis huellas aún siguen ahí, estoy seguro, pero seguro que el viento ha movido las dunas y las seguirá moviendo hasta fortificar un desierto contra el Invasor.
Sáhara: se tiene que llevar brújula –imprescindible para los no-saharauis- ropa blanca o azul y sandalias de piel de camello o de cuero de cabra. Para los largos recorridos, unirse a la caravana es imprescindible.
Sólo de esta forma conseguiremos que nuestras pisadas se las lleve el viento, para no dejar rastro del mar que antaño fue.
Las pinturas rupestres indican que ahí hubo un gran vergel, el petróleo permanecía donde debía de estar, bajo la selva, y el gran Teslas estará de acuerdo conmigo si se lo pregunto en noche de luna llena como ésta, ya decreciente.
Sáhara: ¿no tenemos ninguna responsabilidad sobre lo que sucede ahora? ¿Por qué nos empeñamos en exigir el Peñón de Gibraltar, si Ceuta y Melilla son españolas?
Sáhara: Odio la mayoría de edad, una se tiene que poner a hacer cosas que no quiere
y ya no está el cuerpo para tantos achaques
Porque se despierta una con dolor de cabeza
Y con un frío entre las piernas
Que si no se enciende la estufa
Te puedes morir de congelación
Y ni siquiera los leotardos te van a salvar
Ni siquiera una piel de leopardo tarda tanto en calentar
A la piernas presas por el hielo
No te rías, no te miento
En esta casa hace mucho frío
Parece que no, pero en los terrenos baldíos
En los inmensos salones y soportales
Pega una rasca de aquí te espero
Y cuando llegas no hay nadie
Que te caliente las piernas, nada ni nadie
Que te arrope con la mantita
Y te balancee en la mecedora
Como hacíamos nosotros
Con la abuelita Kadisha y el abuelito
Ella tan viva y él tan legionario
Que en paz descansen
Los muy enamorados.




