Debería concertarse un día mundial de los pobres desalojados de sus viviendas. Debería de haber un día mundial de las abejas, y de las flores. Incluso un día mundial de las grandes petroleras y otro de los cultivos transgénicos, sólo para que la gente se entere de que existen.
¿Y por qué no un día mundial de los niños que sacan malas notas? O un día mundial de los profesores que enseñan a amar las asignaturas. O un día mundial de los que trabajan gratis. Debería haber un día mundial para los recién nacidos. Y un día mundial para las madres sin recursos que roban leche en los supermercados, en lugar de condenarlas a unos cuantos años de cárcel.
Debería haber el día mundial de los días mundiales. El día mundial de los enfermos, de los que saben que van a morir. Y el día mundial de los médicos que dejan su tierra para ayudar a los más necesitados. Y no digamos el día mundial de los que no se dejan corromper.
Debería haber más días mundiales que días del año. Debería existir el día mundial del día mundial del día mundial. Y el día mundial de nada. Y el día mundial de todo. Y el día mundial del mundo.
No sé de dónde surgió esa costumbre de asignar a cada día una coletilla. Pero no hay un día mundial contra la estupidez. Tampoco existe un día contra la resignación, y eso me parece sospechoso. Ya no se sabe con certeza cuál es el sistema y el antisistema y el recontrasistema. Ni a cuál de ellos adjudicar un día mundial.
Y es que el día mundial, seamos claros, parece que no sirve para nada, excepto para regalar unas flores si acaso. Bonito gesto que no recompone nada. El día mundial de nada es el más confortable de todos los días de. No tenemos un día de la lágrima, ni un día de la sonrisa. Nos falta un día de la justicia social. Carecemos de un día de paz, aunque haya un día mundial de la paz.
Además, yendo aún más lejos, debería haber incluso semanas mundiales, y meses mundiales, y años mundiales. Incluso decenios y eternidades mundiales dedicadas a la bondad.
Los hechos confirman que este tipo de celebraciones son simbólicas. Nadie sabe quién los ha organizado, ni con qué criterio. Surgieron de la nada, o con el día de la madre de El Corte Inglés, quién sabe.
Puede que haya un día mundial del sol ardiente, o del agujero negro, o del meteorito esperándonos. O un día mundial del deshielo. O un día mundial del caos nuclear. O. simplemente, el día mundial de las moscas. El caso es que con tanto día mundial a uno le entra un mareo, y piensa: ¿Por qué no me hacen un día mundial a mí?




