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Las voces de las mujeres siempre son más discretas, no importa lo que digan. Un timbre de fagot interpreta la sonata del testamento a lo lejos, el cercano trombón es el abogado. Yo le veía, al vecino, fumándose un cigarrillo a escondidas en el buró del portero, le salía humo de culpabilidad cuando uno entraba al portal.
Y me caía bien este hombre. Durante sus últimos meses de vida, escuchaba sobre mi cabeza su tele a todo volumen hasta altas horas de la madrugada.
Él me caía bien, ella no tanto. Durante la agonía de su marido subía y bajaba por el ascensor como una mujer-bomba, cargada de un perfume repugnante. Sólo la visión de sus morros blandos pintados de rosa o carmín graso me horripilaban. Siempre dejaba en el ascensor un rastro de vieja mofeta.
Ahora que la oigo, sobre mi cabeza, no puedo evitar un amago de náusea al recordarla, o mejor dicho, al recordar su olor en el ascensor. Preferiría el olor a tabaco de su marido, el perfume que le mató.
– Enrique Mochales, escritor y pintor. Su blog Como sujetar un cocodrilo en Hechos de Hoy supone una novedosa iniciativa de incisivo columnista en el escenario digital. Entre su obra, Mermelada amarga (Ed, Margen cultural, 1993); La fragilidad de la porcelana (Ed. Alberdania, 2010), y Esclavo de la luz (Ed. Punto Rojo, 2013).