Conocía un hombre que no hablaba otros idiomas por miedo a hacer el ridículo. Lo peor que le puede pasar a alguien en esta vida es el miedo a hacer el ridículo.
El ridículo es sano. Que se lo pregunten a Charles Chaplin, a Jacques Tati, a Buster Keaton, a Cantinflas, al Gordo y el Flaco, a Peter Sellers, y otros tantos que nos han hecho reír riéndose de sí mismos. El miedo al ridículo es pura soberbia, en el mal sentido de la palabra.
El ridículo es sano. Si alguien tiene miedo al sentido del humor, es que padece de un grave problema: “Ridiculitis”.
El sentido del ridículo sólo es justificable si con él uno hace daño a los demás.
Es ridículo sentirse ridículo. Hay que saber pasar de lo que dicen los demás, y continuar ridiculizando lo único que se puede ridiculizar: la estupidez humana.




