-¿De verdad que te llamas Carlos? ¡Somos tocayos!
-No, yo Juan Carlos.
-Anda que Juan Carlos las va a pasar canutas por lo de su amante.
-Ya era hora Carlos.
-¿Sabes que a mi tío le llamaban Charly?
-Jo, es asombroso.
-Pues sí. Luchó en la Legión francesa.
-No me tomes el pelo, Carlos.
-Pero bueno, Juan Carlos, ¿tú no eras sobrino de Carlos V?
-Sólo me gustaba la botella.
-Aquellos eran tiempos, tío.
-Sí, Carlos, o Charly. A partir de ahora te voy a llamar Charly.
-No serás capaz de tal cosa, malandrín.
-Pues ándate con cuidado.
-Entonces yo te diré: Juan Carlos I.
-Ni se te ocurra. Soy republicano y demócrata.
-Ambas cosas unidas no se repelen, amigo capitalista.
-Pero no ultra.
-No, esos sólo son unos dejados de la mano de Dios.
-Creo que uno de ellos se llamaba Carlos.
-¿Qué me dices? Ostras, está el panorama que da miedo.
-Tú sólo le tienes miedo al miedo.
-Y al cielo también, Charly.
-Y tú que lo digas, Carlos.




