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ECHO DE MENOS LA LUZ

La consagración del otoño, ¡qué estación más extraña!

Hoy ha anochecido a las ocho. Me he comido un plátano, he escuchado el comentario de las películas de la tele en boca de mi madre. Después he matado un mosquito.

Hechosdehoy / Enrique Mochales
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Ahora estoy detrás de una polilla que me tiene frito porque se me come mis camisetas. Dentro de media hora cenaré uno de mis platos favoritos: sesitos. A mucho les dan asco pero yo los adoro. Después trabajaré un poco con el ordenador, o charlaré con alguna mente desesperada por el chat. Después de tomarme mis pastillas de la noche, me acostaré a los doce y media, como de costumbre.

Hoy ha anochecido a las siete y media. Ha brillado el sol durante todo el día con temperaturas de hasta 30 grados, cosa extraña para este otoño. He trabajado en un micro relato para un diario digital, precisamente Hechos de Hoy, y me he quedado más o menos satisfecho. La satisfacción es siempre algo temporal, que luego se diluye por los flancos del mi cuerpo. Después, como me aburría, he salido a tomarme una cerveza sin alcohol. Tras ello he vuelto a casa y me dispongo a cenar, tomar las pastillas, y marcharme a dormir después de una sesión de chat para seres solitarios.

Hoy ha anochecido a las seis menos cuarto. Como yo me suelo levantar de seis a siete de la mañana, ya no distingo entre la noche y la madrugada. Me ha llamado una persona y me ha dicho que un ser querido ha muerto, y que estará desconectada durante un tiempo. Yo no he acertado a decir más que unas palabras: “Que la tierra le sea leve”. Después de cenar acudiré al chat para ver si alguien me ha llamado, Puede que no lo haya hecho nadie. Cada día me parece más monótono que el anterior. La ausencia de luz ensombrece mi espíritu.

Hoy ha anochecido a las seis. Lo he pasado bien hablando con una amiga. Me he reído. Después he escrito un poema y escogido fotografías para asuntos varios. Digamos que he estado bastante ocupado. Menos mal que hoy no es domingo. Prefiero los lunes a los domingos porque tengo más cosas que hacer. He ido a la oficina de Correos y he mandado un lienzo empaquetado. Espero que llegue pronto, no como alguno que se ha perdido en un laberinto de direcciones postales. Cenaré a las diez y media, una rodaja de pavo a la plancha con un huevo frito encima.

Echo de menos la luz del verano. Hoy ha anochecido a las seis menos cuarto. He cenado albóndigas y me he comido un yogur, y un plátano. He dormido mal. No recuerdo los sueños, pero sí el agitado despertar. Tras la ventana, todo estaba negro como boca de lobo. Me he fumado un cigarrillo y me he puesto a escribir. Después he vuelto a la cama y he dormido un poco más. Hasta las seis y media de la madrugada. El exterior seguía teniendo el mismo aspecto que la noche anterior. Qué estación más extraña, el otoño. El único sueño que recuerdo de esta noche es que me hundía en las hojas muertas del parque. Y mis pies notaban una humedad parecida a las lágrimas que caían esta mañana, tras mis ventanas, abiertas para que la casa no huela a tabaco.

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