-¿Era una prostituta?
-No lo sé aún. Ya sabes, con esto de la guerra nunca se sabe.
-¿En qué idiomas hablasteis?
-En español, francés y alguna caricia inglesa.
-Y te pareció bien invertido el dinero.
-Absolutamente.
(El interrogador sonríe)
-Entonces está bien.
-Ni siquiera hicimos sexo, nos pasamos toda la noche hablando.
-¿Nada de sexo?
-Bueno, un abrazo y un beso, nada más. Me contó que la gente de su pueblo está muy enfadada.
-¿Por qué?
-Por lo sucedido durante este tiempo, por lo que pasa.
-¿Y tú qué crees que pasa?
-La tercera gran guerra.
(El interrogador se apoya en los brazos de la silla)
-No hace falta ser un espía para saber eso.
-No, pero la gente ignorante no lo sabe.
-No es cuestión de sembrar fuegos…
-…pues recogerás un incendio, “I know”.
-¿Entonces?
-Entonces, ¿es que yo no puedo hacer el amor y no la guerra?
-En todo caso, puede usted “hacer el amor y la guerra”.
-De eso nada. Yo ya lo he dado todo. Abandono el servicio.
-Ya veremos, señor X, ya veremos…




