Paciente: Yo creo que aunque todos digan que me ayuda, mi madre me está matando a golpes de amor.
Psiquiatra: explíquese.
Pa: Me persigue por la casa, criticándome todo el rato.
Psi: Bueno, eso es normal, es su madre. Y además, usted está completamente loco, de eso no me cabe ninguna duda. Casi tan loco como yo.
Pa: ¿Pero usted viviría en casa con su madre?
Psi: Pues no, la verdad.
Pa: La única verdad es la que revelan por gnosis las ramas de los árboles que te tocan la cabeza en una tarde de verano.
Psi: Mate al pajarraco que hay entre sus ramas, con un AK 47, si es posible.
Pa: A mi padre le he dicho que si se muere le mato. Respecto a mi madre a veces le regalo rosas blancas, y me dice que no gaste el dinero en esas cosas.
Psi: No quiere ser una madre florero.
Pa: Evidentemente, no.
Psi: ¿Y dónde piensa usted poner las flores?
Pa: Tal vez en la tumba soleada de mi padre.
Psi: Mire que es usted dramático, yo sólo quiero que sea normal, un ser normal.
Pa: ¿Tiene usted libro de instrucciones?
Psi: No, pero le puedo cambiar su sin-razón por una caja de cromos del Libro de la Selva.
Pa: Bien, desde este momento queda usted despedido. No deseo volver a la consulta como paciente, sino ser su amigo íntimo.
Psi: Hum, eso va a ser difícil, muchacho, estoy muy solicitado.
Pa: Por la morena que ha salido antes de su consulta, ¿no?
Psi: Secreto profesional. Pero creo que tiene una amiga.
Pa: Así me gusta, que mis amigos sean felices, que los amigos de mis amigos sean felices y que esa felicidad retumbe en mis entrañas.
Psi: Como no se tome ahora mismo la pastilla, le demando ante la Corte de los Milagros.
Pa: Nunca he conocido a un loco cuerdo como usted.
Psi: ¿Entonces por dónde íbamos? ¿Su madre le ama?




