Maestra docente de inyecciones en plena sabiduría concebida, sin pecado amamantada
por la fuente de la uva.
Supuse, más allá del tiempo y el espacio que sería necesario luchar contra los elementos
que poblaban como venas palpitantes mis ojos indecisos y a programar mi caja de razón aprendí para ser un robot inquieto.
Me levanté de mis cuatro patas y comencé a adquirir movimiento, en equilibrio con el horizonte que durante tanto tiempo me había sido negado. Fui máquina, animal y después hombre.
Fui piedra, selva y jaguar.
Fui fuego, amor y lágrima de ámbar, en su interior escondido mi pasado.
En tu pecho atrapado mi deseo.




