Los que se creen cuerdos miran a los locos como si les separara la distancia que hay de la tierra a la luna, pero la línea que separa la cordura de la locura es muy fina: todos podemos pasar de un lado a otro fácilmente. Cualquier decisión o imprevisto que surja en la vida nos puede llevar al filo del abismo; a veces sólo es cuestión de suerte. Algunos, cuando estén de puntillas en el borde, intentarán recuperar el equilibrio y alejarse del precipicio; otros, como el protagonista del libro del que voy a hablar, se tirarán de cabeza.
Se titula Pánico al amanecer y su autor es Kenneth Cook (Australia,1929-1987), periodista, director de cine, guionista, presentador de televisión, creador de la primera granja de mariposas en su país y, además, un excelente escritor.
Aviso: es un pedazo de libro, muy bueno.
El protagonista es el maestro de un pueblo perdido en mitad del desierto australiano. Ha finalizado el curso escolar y, asqueado, desea pasar sus vacaciones lejos de ese lugar. La capital, Sidney, podría ser un buen destino, pero antes de llegar a él disfruta del carácter acogedor de los habitantes de la zona y entra en una espiral alcohólica donde pierde todo el dinero que tenía ahorrado para el viaje.
El libro está narrado en primera persona y hace un retrato demoledor de la sociedad rural australiana de los años 50 y otro no menos duro de la humanidad en general. El calor insoportable y la geografía autóctona redondean el infierno. Hay una parte del libro que destaca: el episodio de la caza de canguros. Pocas veces leerán algo tan espantoso; querrán taparse los ojos como cuando apartamos la vista de una escena especialmente repugnante en una película de terror.
Los personajes están bien perfilados y sabemos de ellos lo necesario para completar una novela perfecta (incluso se agradece que no se aporten más detalles de algunos de los personajes).
Tampoco falta un poco de esperanza y compasión, pero sin excesos. El humor es básico en la obra, teniendo en cuenta que el autor australiano es un genio del relato humorístico. Si no han logrado reírse nunca leyendo un libro, hagan la prueba con cualquiera de su trilogía: El Koala asesino, El Lagarto astronauta o El canguro alcohólico.
Desde el principio notamos que el protagonista camina ya en la cuerda floja, un empujoncito… y al pozo! Nada puede acabar bien porque no quiere que así sea. Aprende, y nosotros con él, que tendemos a echar la culpa a los demás de nuestros propios errores, cuando en realidad cada uno es responsable de las decisiones que toma (incluso más si dejamos que los demás las tomen por nosotros). Podemos asumir nuestros fallos e intentar arreglarlos o podemos reafirmarnos en ellos como inevitables y justificarlos: “Yo soy yo y mi circunstancia…”. Gracias, Ortega.
Si es de los que piensa que emborracharse sólo acabará con su hígado o cree que Bukowski, además de buen poeta, era un tío muy enrollao, debería leer este libro. Quizá durante una larga temporada, sólo con mirar un vaso de cerveza, sienta arcadas. Seguramente no abandonará para siempre las bebidas espirituosas, pero a partir de ahora escogerá muy bien con quien empinar el codo.
Para eso, mejor no lo leo -pensaran algunos. Bueno, ustedes mismos si entre leer o beber escogen lo segundo.
Por cierto ¿se han dado cuenta de lo fascinante que es un cristal? ¿o de la increíble experiencia que es viajar en tren? Al acabar el libro entenderán las preguntas, espero.
La película (difícil de encontrar):





