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VENDIENDO SUEÑOS

Arde la calle tras la nieve de madrugada

Los teléfonos comienzan a sonar en las casas, los amigos, las amigas, los hijos, pero nadie te llama a ti, que llevas tu celular en el lado izquierdo de la chaqueta para no perjudicar tu corazón.

Hechosdehoy / Enrique Mochales
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Un artefacto de la limpieza persigue el vacío de tus pasos mientras los chinos abiertos venden sueños para osos blancos. Las ventanas cerradas o abiertas, el paseante puede mirar a través de los ojos de los edificios nocturnos y ver la gente levantándose con el mismo aspecto que tenían cuando Dios les vio nacer.

Suena un blues lejano de un músico callejero madrugador, y un perro invisible se acerca a él moviendo el rabo. Se trata de John Mayall, el blues, no el perro, y nuestro protagonista pasa dejando pasos y alguna moneda en la gorra del cantautor en spanglish, con su amplificador en miniatura.

La madres deshacen las camas de los hijos que aún no han llegado a casa, y los padres van a por el periódico, cuando se encuentran con sus hijos retornando de la juerga y les dicen: “Vete, imbécil, hoy no duermes en mi casa”, y el hijo retorna sobre sus pasos, descarriado. Si esto es un padre, yo soy un fugitivo, piensa. Mientras tanto, las madres hacen la cama de matrimonio.

El día comienza a despertar, una manada de cerdos multicolores recorre las carreteras buscando pienso, luego existen. Las palomas dan vueltas alocadas frente al paseante pensando si será algún depredador, o peor aún, algún bruto, a los que están acostumbradas pese a ser la imagen de la paz: las ratas del aire.

Los teléfonos comienzan a sonar en las casas, los amigos, las amigas, los hijos, pero nadie te llama a ti, que llevas tu celular en el lado izquierdo de la chaqueta para no perjudicar tu corazón. Sus latidos van al ritmo de los semáforos en rojo, la mejor percusión para pasear y comprarse un sueño que canjear luego en la corte de los Mentideros.

El paseante se detiene en un bar para darse una recompensa y consulta la sección deportiva. Una vez los resultados hechos públicos, la quiniela saldrá acertada por quince números o por trece si viene al caso, se ilusiona.

Tú te acercas cada vez más al blues mientras se aleja, su marcha es rápida y decidida, ya tiene hecha la cama y las maletas, no puede resistir la emoción, aunque ya sabe que no está bien pensar en el futuro sino en el presente, pues presente es futuro y café cortado la espera.

Arde, arde, arde la calle tras la nieve de madrugada.

Delicioso es el infierno del insomnio, delicioso el viaje por emprender.

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