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SOY UN SENTIMENTAL

Ya sé que eso no podía ser amor, se ha ido con el poeta del pueblo

Le llevaba el desayuno a la cama, le hacía la comida, le arropaba con las sábanas y yo me iba, obediente, a la otra cama. Si había alguna pesadilla, le susurraba cosas tiernas.

Hechosdehoy / Enrique Mochales
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Ya sé que eso no era amor. Le llevaba el desayuno a la cama, le hacía la comida, le arropaba con las sábanas y yo me iba, obediente, a la otra cama. Por las noches, si había alguna pesadilla que molestara su sueño la agarraba de la mano y le susurraba cosas tiernas, para que no despertase. Después, me metía en el armario, y guardaba silencio, entre mis propios mimos.

Me parece que ahora ya no me quiere. Ahora se ha dejado encandilar por ese poeta que se ha instalado en el pueblo, en el viejo caserío donde vivían los Zabala. Aquellos que lo abandonaron tras la muerte de uno de sus hijos, y del cual se decía que lo habitaban fantasmas y espectros.

Con el tiempo, el jardín ha reflejado el estado de ánimo del poeta. Ahora incluso tiene una huerta en los alrededores de la fachada. Hay animales que trepan por doquier como si ese fuese el jardín del Edén. A veces, yo me identifico con uno de esos animalitos que no saben a dónde van, que simplemente trepan, en busca, quizás, de una hembra o de un macho.

La mala hierba ha desaparecido, y en el alfeizar reverdecen viñas que han trepado por el rugoso muro del porche. Si el caserío estuviera vivo, yo diría que lo han parido entre los dos, lo cual me da, justo es decirlo, una envidia atroz. Pero, ¿cómo iba a envidiar los deliciosos cardos, las bellísimas flores del sol? Pues sí, las envidio. Las envidio hasta el punto de sentir dolor.

Por otra parte lechugas y tomates crecen respetuosamente con otras plantas, mientras los pimientos rojos se secan al sol, y los rosales brotan de tierra que otrora parecía baldía.
Pero yo también soy poeta. Tengo uno muy bueno que empieza:
“Yo pago la hipoteca de la casa, la factura de la luz,
el gas, la calefacción, el teléfono, y el colegio de los niños”.
¿Lo ven? Ay, si es que soy un sentimental.

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