Suponiendo que en algunos casos el uniforme se lleva por dentro, sería quizás necesario un mayor nivel de desnudez, pasando por la piel y después por los músculos hasta los huesos, y después eliminar también los huesos hasta llegar al átomo, que es uno de los mayores grados de despelote conocidos, si es que resulta cierto que los cueros están hechos de polvo de estrellas.
Muchos deberían, como el mosso d´esquadra que pecó hace ya muchos años, atreverse a quitarse los galones sin sentirse desnudos, y después todo lo demás, deshacerse de las máscaras que son yelmos, de toda insignia y abalorio, para que uno tenga la certeza de que se encuentra ante un ser humano, más allá de los disfraces reconocidos como identidad social.
Pero claro, el mundo sufriría una convulsión, sería una catástrofe, si damos por sentado que el ser humano necesita ocultarse en las profundidades, bajo muchas capas de pretendida “civilización”, palabra que acaso denomine un disfraz global, común a toda la población mundial. Recordemos aquella vieja canción de Richard Cocciante que decía: “Y ahora desnúdate / como ya sabes tú / no te equivoques / no me importas tú / tú me desearás / bella sin alma”.
Al fin y al cabo, otros que no llevan uniforme también saben desnudarse pero sin enseñarlo todo, son maestros del strip-tease a los que repele la pornografía, iconos eróticos del poder, conscientes de hasta qué punto pueden llegar, y todo por el bien común, para que no haya vergüenza propia ni ajena, y, en cierto modo, qué quieren que les diga, casi es de agradecer -porque la falsedad, porque la hipocresía, porque la doble moral son obscenas- así que van de mierda hasta el cuello, pero salen a la calle orgullosos de poder vestirla mediante corbatas parecidas a condecoraciones, trajes impecables como garantías de honestidad, automóviles que son más que coches, y principios éticos de quita y pon.




