Tengo una gran caja de recuerdos y cartas en la estantería de mi biblioteca. Está sellada herméticamente con cinta adhesiva industrial, como un paquete molesto.
Hoy he pensado en abrirla, pero me ha dado miedo.
Sé que dentro de la caja podría haber dentro objetos curiosos e inspiradores, pero me ha dado miedo.
Sé que hay cartas y fotografías, pero me ha dado miedo.
Quizás haya algún objeto valioso para mí, pero me ha dado miedo.
Creo que tienen que pasar por lo menos diez años más hasta que la abra.
Quizás la arroje hoy a las aguas del Nervión, sellada, y -por supuesto- disfrutando de su naufragio en las aguas azules de la Ría.
Pero también eso me da miedo.
Así que la caja se quedará ahí, en la estantería de mi biblioteca.
Sellada herméticamente con cinta adhesiva industrial, como un paquete molesto.




