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UNA TIRADA SIMPLE

Ni el destino ni las cartas de Madame Destino les unió

El pelotari Aritz Elizondo, harto ya del celibato autoimpuesto, acudió a una echadora de cartas, llamada Resurrección, para que le revelase cuándo iba a conocer a la mujer de su vida.

Hechosdehoy / Enrique Mochales
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Madame Destino, o Resurrección, la joven quiromante, decidió leer su futuro en una breve pero concisa tirada de seis cartas, en la cual se reflejaba el consultante, los vaivenes de su corazón, las influencias útiles, lo inesperado, los deseos inconscientes y el resultado concebible, por éste orden.

Las cartas obtenidas por Aritz en la tirada fueron, siguiendo el correspondiente sentido de la interpretación: los enamorados, la torre, el diablo, el loco, el colgado y la muerte. Apabullado por unos resultados que consideraba tan nefastos, Elizondo se negó a abonar el precio de la adivinación a la pitonisa, argumentando que él no pagaba cinco mil pesetas para que le dejasen hecho polvo, ni mucho menos, aunque se quedase sin novia, faltaría más. Además, aquella tarde tenía partido.

Madame Destino, apurada, le propuso jugárselo todo en una tirada simple, de modo que una única carta pronosticase de forma inmediata su futuro sentimental.

El pelotari aceptó. La pitonisa encendió varias velas blancas con cerillas largas de habanos, puso unos cuantos pétalos de rosa en un cuenco de madera, y sujetó el tapete de seda negra por sus cuatro esquinas con pisapapeles de ojo de tigre, cornalina, lapislázuli y ágata, para favorecer la suerte.

Tras ello extendió el mazo de naipes -previamente barajado y con las cartas boca abajo- en forma de arco iris, para que Aritz escogiese una sola: aquella que iba a vaticinar cuándo toparía, por fin, con su media naranja. Después de unos segundos de espiritual concentración -durante los cuales proyectó su mente en un frontón donde jugaban mujeres desnudas- Aritz eligió una carta, le dio la vuelta, y leyó lo que sigue:

“Garantía. En el caso de que usted observe cualquier defecto en algún naipe, envíenos el juego de cartas defectuoso y nosotros repondremos gratuitamente cada baraja que no muestre señales de haber sido usada”.

Aritz se echó a reír, y, después de unos minutos hilarantes, pagó a la pitonisa y se marchó.

Resurrección recogió el naipe, el dinero, y pensó para sus adentros: “Pues no era una carta tan mala. Por lo menos he cobrado”.

– Enrique Mochales, escritor y pintor. Su blog Como sujetar un cocodrilo en Hechos de Hoy supone una novedosa iniciativa de incisivo columnista en el escenario digital. Entre su obra, Mermelada amarga (Ed, Margen cultural, 1993); La fragilidad de la porcelana (Ed. Alberdania, 2010), y Esclavo de la luz (Ed. Punto Rojo, 2013).

 

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