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CUATRO EN UNO

La Embajada, una forma innovadora de viajar por los fogones

Un experimento culinario en el que se mezclan los sabores mediterráneo con los mexicanos y japoneses tamizados por la llamada cultura nikkei.

Hechosdehoy / LAHERA
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Cuatro restaurante en uno. Eso es lo que aporta La Embajada. Un mes de rodaje es tiempo más que suficiente para poder juzgar este experimento culinario en el que se mezclan los sabores mediterráneo con los mexicanos y japoneses tamizados por la llamada cultura nikkei.

Un edificio del barrio de Salamanca, en la calle Juan Bravo, ha sido remodelado para albergar espacios muy diferentes con un propósito: alcanzar ese tono acogedor que todo restaurante debe aportar, buscando la complicidad con la comodidad del cliente.

La decoración ha corrido a cargo del portugués Felipe Nunes, afincado en Monterrey (México) , mientras que la decoración del Sky Bar se debe a la interiorista Gemma Pérez Bonillo.



Resulta difícil entender eso de cuatro cocinas y otros tantos chefs metidos en harina todo el día para ofertar una especie de pequeña vuelta al mundo culinaria. Todo sin salir de un mismo edificio.

La ruta culinaria se puede comenzar por la terraza abierta en el boulevard tomando un aperitivo o más cómodamente en el Gastrobar, que además de las copas ofrece la posibilidad de un menú diario por 15 euros.

Esas diferentes opciones culinarias pueden converger en un menú. O lo que es lo mismo, uno puede comer en el espacio denominado Mediterráneo y pedir también platos del sabor mexicano o japonés. Son todo facilidades en este nuevo escenario donde ejerce como chef ejecutivo Raúl López.

El tour comienza, en nuestro caso, por el último piso. Es el terreno de Max Bodzek, un barman que ofrece todo tipo de combinaciones, que así se denomina en castellano lo que los anglosajones llaman coctéles, palabra que también es aceptada por la RAE.
 
Lo mexicano aquí vence con las 250 botellas de puritito tequila que se alinean en las estanterías. Todos procedentes de los diferente lugares donde se elabora esta bebida en México. 30 ginebras para poder degustar o combinar con tónica y un innumerable grupo de etiquetas de destilados y similares.

Tomamos una margarita frozen, un poco rebajada, que estimula el estómago y lo prepara para una buena digestión. Con él en la mano descendemos un piso y nos encontramos con una decoración típicamente mexicana, incluidas la divertidas imitaciones de las calaveras de colores vivos, fruto de ese culto que a la muerte se profesa en el país azteca y que tan bien ha descrito Octavio Paz en su Laberinto de la soledad.


 
Aquí quien manda es el chef Ernesto Diomar, que nos prepara un excelente guacamole. Imprescindible para el mismo un buen aguacate que debe macerar con la cebolla y sobre todo el cilantro que le da ese sabor característico y ¡cómo no! una pizca o mas de chile verde.

En el mismo "platillo" van unas flautas de pollo con un ligera sabor picante no excesivo que le dan mordiente a esta preparación. Y como remate, unos panuchitos de cochinita pibil. Vale la pena detenernos en la historia de esta preparación. Pibil, es la técnica que se emplea para preparar carnes que deben cocinarse envueltas en hojas de plátano y después horneadas. Lógicamente la carne es de cerdo.


Flautas de pollo. (Foto: La Embajada)

Los farolillos de papel con colores vivos y caracteres en negro nos hablan de una cocina japonesa pero más concretamente de la nikkei, aquella que es fruto de la fusión entre la cocina nipona y la peruana, y que nace del mestizaje de ambas cuando las colonias japoneses se asientan en el país andino. Esta vez el cocinero es un sevillano experto en este tipo de cocina, Sergio Hernández.

Gyozas son unas empanadillas cuyo origen es chino y que los nipones adoptaron. La envoltura harinosa resulta amable al estar cocida en cestitas de bambú. El Hosmaki de langostinos,es un sushi de rollo delgado; los uramaki acevichados a base es el arroz y encima van las gambas u otros alimentos. En este caso el acevichado es la aportación peruana al plato. Y por fin los nigris con carne tipo hamburguesita elaborados con carne de buey de Kobe (Wygu) y trufa. Quizás sean estos los platos menos afortunados. Están bien cocinados pero el arroz en alguno de ellos resulta demasiado pastoso.


Nigri de hamburguesa wagyu. (Foto: La Embajada)

Por fin recalamos en una habitación llena de libros presidida por una cabeza de Alce realizada con materiales de marquetería. Todo el espacio en blanco es amable y elegante.Es el comedor mediterráeo. Aquí saboreamos un bacalao confitado en aceite rojo sobre crema de pimiento dulce, muy en su punto y condimento. Y un secreto de ibérico hecho a la plancha con un fondo de verduritas de temporada.

Como postres crepa con cajeta (dulce de leche de cabra y azúcar) y nuez, un mochi (pastel de arroz glutinoso) que recuerda la manteca de cacahuete de chocolate demasiado empalagoso, y un pastel de limón.


Esponjoso de cítricos (Foto: La Embajada)

Hay una buena carta de vinos.

Los mejor es el lugar por la sorpresa que depara y también los precios que están equilibrados. Vale la pena la visita.

FICHA

La Embajada

Calle Juan Bravo,43, Madrid
Teléfono: 914 01 20 64
Abierto todos los días de 08.00 a 2,30.Sábados y domingos abre a las 12 h.
Precio aprox: Gastrobar (20 euros) Japonés y Mexicano (30 euros) Mediterráneo (35 euros)
Precio menú degustación: 60 euros

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