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ENORMES DEBILIDADES

La crisis del rublo, Vladimir Putin en apuros, y el sueño roto de los BRIC

La subida de los tipos de interés en Rusia al 17% no deja de ser una medida desesperada para un país que 16 años después de la grave crisis de 1998 parece no haber aprendido ninguna lección.

Hechosdehoy / Antonio Gallardo
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El rublo sigue su caída libre y no parece que esta tendencia tenga freno. La subida de los tipos de interés en Rusia al 17%, no deja de ser una medida desesperada para un país, que 16 años después de la grave crisis económica y monetaria de 1998 parece no haber aprendido ninguna lección.

Con diferencias pero también semejanzas con lo sucedido aquel fatídico año, la crisis del rublo ha puesto de manifiesto las enormes debilidades de la economía rusa, más allá de las bravuconerías de sus dirigentes políticos, que tan sólo han conseguido agravar la situación. La caída del precio del petróleo ha sido la mecha que ha encendido la situación, pero no se le puede culpar a este descenso de precios de todos los problemas. Con independencia de las razones que han llevado a este desplome, lo cierto es que entre los países productores los hay que están resistiendo mejor y otros, como es el caso de la Rusia de Vladimir Putin, están sufriendo graves consecuencias.

En 1998 el rublo se derrumbó por la elevada deuda exterior rusa y la nula capacidad productiva de una economía en plena transición tras el final del régimen comunista. En estos años poco se ha avanzado en convertir en Rusia en una verdadera potencia económica capaz de capear coyunturas desfavorables. Se ha beneficiado de los precios elevados de las materias primas –especialmente gas y petróleo- por las que ha recibido grandes cantidades de divisas que ha “triturado” según las recibía.

De hecho, se ha sobrendeudado con proyectos económicos basados en un precio del petróleo que no veremos en un medio plazo, y su política, más que en el bienestar del ciudadano, se ha sustentado en decisiones políticas muy cuestionables. La mala gestión de la crisis de Ucrania le ha llevado a que, de repente, los grandes conglomerados se encuentren con los mercados cerrados para refinanciar su deuda y lo que lo consigan, elevando los tipos, les ahogará financieramente en un momento en el que los ingresos se desploman por el bajo precio del crudo.

El ciudadano ruso se encontrará atrapado en esta encrucijada. La caída del rublo llevará a una inflación galopante que dificultará su día a día. No hay que olvidar, que la estructura social tampoco ha evolucionado poco en los años de la era Putin. Más allá de la rica oligarquía cercana al Kremlin, apenas la clase media ha crecido y los salarios siguen siendo muy bajos. El gobierno procurará que las transacciones sigan realizándose en la moneda local, pero todo el que pueda no tardará en acaparar dólares y euros que sólo acrecentarán la debilidad del rublo.

La protección del paraguas del euro y del dólar

La bolsa española ha sufrido las consecuencias de la crisis rusa, pero no tanto por su efecto directo, muy limitado, sino por una combinación de realización de beneficios, tras un par de años muy buenos unidos a otros puntos coyunturales, como ha sido el caso de Repsol con la compra de la canadiense Talismán unido a la propia caída del precio del petróleo.

Monetariamente, bajo el paraguas del euro, los efectos son muy limitados, como lo serán en todos los países con divisas fuertes. El único efecto contagio en Europa lo pueden tener aquellas economías como la alemana que exportan bienes de valor, manufacturados. Puede haber una cierta caída en estas exportaciones, que no deja de tener importancia dada la debilidad de las economías centrales de la Unión Europea.

Pero Rusia sigue siendo dependiente en la tecnología y procesos de fuera de sus fronteras y no le quedará más remedio que comprarlos, y estas transacciones no las hará en rublos, sino en dólares o euros que agravarán su déficit exterior.

El sueño de los BRIC

Brasil, Rusia, India, China -a los que se ha unido Sudáfrica con un peso más testimonial que real- se han alineado en los últimos años para constituir una alternativa económica dominante, basándose en proyecciones que hablan de poder conseguir este objetivo en el 2050. El parón chino e indio, la recesión brasileña y el desplome ruso han puesto de manifiesto la importancia de centrarse en los problemas de un futuro más cercano que en predicciones que muchos ni veremos.

Los cuatro países tienen grandes debilidades que solucionar y actualmente sus sistemas no son ninguna alternativa viable sin el concurso de otros países desarrollados, como tampoco estos últimos lo son sin el aporte de los BRIC. En plena crisis ucraniana, Putin miró a China, no sólo en la venta de su petróleo y gas, ahora barato y con menor demanda del país asiático sino para realizar transacciones fuera del dólar o el euro.

La realidad ha mostrado que Rusia necesita del concurso de Europa y Estados Unidos y por tanto dar marcha atrás a buena parte de sus decisiones de los últimos meses para poder salir de la espiral actual. Hablar de crear una nueva moneda basada en las reservas de oro que disponen estos países, no deja de ser un sueño utópico para ocultar los errores pasados. Y por supuesto, los cuatro países necesitan mejorar sus estructuras sociales disminuyendo las desigualdades, las financieras para absorber mejor los shocks externos y buscar un crecimiento económico más sostenido no basado exclusivamente en la exportación.


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