-¿Entonces qué pasa, que la vamos a tener que renovar cada diez años?
-Yo no me entero de nada, no me preguntes…
-¿Y eso para qué sirve?
-Para que votemos.
-Vaya, yo creía que era para tener un censo, o para censurar, o para ganarse algún dinerito.
-Qué “pesao” eres tío…
-Ya lo sé, pero es que parece una asunto turbio.
-Como las aguas revueltas de fango, sí.
-No me hables, que un día por poco me ahogo.
-No sería por un collar colombiano.
-Noooo, qué va, en el río.
-Ya sé. Aquella vez te vi a punto, a punto…
-De morir.
-Sí. Me salvaste muy bien.
-Tirándote piedras para que reaccionases amigo.
-Recuerdo una que me dio en mitad de los ojos.
-Esa cicatriz siempre te ha hecho muy atractivo.
-Tuviste buena pintería.
-Sí, a veces la puntería es mejor que las palabras.
-¿Qué has dicho?
-Nada. Que viva la República Dominicana.




