Si hay un pez al que le tengo especial cariño es al reo. Son muchas las circunstancias que llevan a que la pesca de la trucha marina sea tan diferente, una sin duda es los pocos meses y escasos ríos donde poder practicarla, casi todos ellos en unos entornos magníficos que ya hacen increíble el momento de la pesca. A esto se le une sin duda la dificultad para conseguir nuestra presa que siempre luchará enconadamente sea cual sea la técnica que usemos.
Poco se sabe de porque hay truchas que migren al mar. Lo cierto es que allí, consiguen un aporte extra en nutrientes. Por todo ello, por regla general, enfrentemos a muy buenas piezas que lucharán hasta su último aliento para que podamos hacernos una foto con ellas.
A diferencia del salmón, cuyas limitaciones hace que su pesca en España sea muy complicada, la del reo es más sencilla. Esto es fundamentalmente porque podemos conseguirla en muchos más ríos multiplicándose los cotos y tramos libres.
En Galicia, región donde los tanteo año tras año, la temporada empieza el 1 de mayo y termina el 31 de julio para los tramos libres, sólo 3 meses, pero en muchos cotos se prolonga dos meses más hasta el 30 de septiembre coincidiendo con buena parte del tiempo en el que el reo deja el mar para adentrarse en los ríos. Otras comunidades de la cornisa cantábrica, prolongan el cierre general hasta mediados de agosto.
La entrada o regreso del reo a los ríos suele producirse a partir del mes de abril manteniéndose hasta noviembre o diciembre, realizando en esos meses, como la trucha su freza. Los primeros que remontan en el río suelen ser los “anales” los reos jóvenes de un año con ejemplares que muchas veces no alcanzan la talla mínima (35 cm en Galicia con excepciones como el río Eo) siendo avanzado el verano cuando lo hacen los de más tamaño (multinvierno). Por ello es precisamente las últimas semanas de temporada y el mes de julio en concreto cuando más se puede disfrutar de esta pesca con ejemplares de más tamaño.
A cucharilla y pez artificial
Aunque hablar de las técnicas de pesca de este pez nos daría para muchos artículos, hoy comenzamos con una pequeña introducción de las diferentes técnicas con las que tentarlos. Una de las más usadas es la cucharilla, así conseguí mi primer reo en el coto de Ponte Arnelas, en el río Umia (Pontevedra), y no fue nada fácil, ya que sucedió tras otras 3 jornadas sin ninguna captura.
En ese momento, hace 16 años, aún no me había enganchado a la pesca de mosca seca, y como muchos pescadores de meseta mi técnica más usada era el spinning, fruto de la pesca de lucios y Black Bass. Por ello, fue mi forma de pesca más habitual en esos primeros años consiguiendo buenos resultados pero aprendiendo la lección de una mayor importancia en la elección del artificial.
El reo es un pez muy astuto y por eso no vale cualquier cebo. Los mejores son una imitación de pez que sea similar a los que habitan en la zona, funcionando muy bien los peces plateados o las “pequeñas truchas”. En el caso de la cucharilla, igual, por regla general las plateadas funcionan mejor. En la mayoría de los casos pescamos en entornos sombríos, y además de que la plata imita mejor a los pequeños peces de los que se alimenta cuando ya tiene buen tamaño, se aprovecha mucho más los brillos que genera.
El tamaño es importante y el más standard es un 2 o 3, más grandes si quieres ser selectivo y buscar grandes reos, no he tenido muy buena experiencia. Sobre la forma, casualidad o creo que no, las mejores las alargadas, las redondas no despiertan tanto su interés. Más que lisas si las recomiendo con “algo de color”, rojizos o azules especialmente e incluso con algún vinilo, como las pulpo luky del fabricante español Mapso.
El anzuelo al gusto, yo sustituyo todas las poteras por anzuelo simple, claro que pierdes muchas capturas pero el desanzuelado es rápido y puedes devolver tras foto o video, nuestra rival al río con extrema rapidez. Es una opción de pesca, tan válida como todas aquellas que cumplan la normativa pero si creo que hay que tener especial consideración con los ejemplares más jóvenes que aunque cumplan la talla mínima les queda muchos remontes y desoves por hacer.
A cebo natural y a mosca
La técnica más tradicional de pesca del reo en la mayoría de los ríos es con cebo natural, al tacto. Aunque algunos crean lo contrario para mi tiene bastante dificultad, ya que hay que presentar el cebo debidamente, cerca y sigilosamente para que este lo coja sin temor. Por ello, las plomadas tienen que ser ligeras y el pescador tiene que apostarse muy cerca de la presa.
En el caso de lanzar a zonas de corriente, lo haremos muy a tientas, esperando que debajo de esta agua revueltas encontremos nuestra presa y esta lo haga con la “miñoca” (lombriz en gallego). Si lo hacemos en una poza donde veamos la presa, habrá que mostrarle bien el cebo por delante, con el riesgo de que la mayoría de las veces nuestro reo huya, pero también en otras ver como se abalanza a por el en unos segundos de enorme emoción.
Por último, hablar de los ríos del norte en los meses de mayo, junio y julio es hacerlo de las grandes eclosiones de insectos. Esto les convierte en excelentes escenarios para la pesca del reo a mosca, con dos momentos excepcionales, el amanecer y las últimas horas de sol. Su pesca a mosca es incluso más versátil de la trucha, podemos probar con moscas secas pequeñas para la trucha a otras mas fantasía que se asemejan más a la de salmón pero con un tamaño inferior. Sobre la pesca a mosca del reo dedicaré otro artículo entero, ya que sus posibilidades son inmensas. Lo importante es que si tienes oportunidad este verano, intentes su pesca, con independencia del resultado, merecerá la pena.




