1. Inicio
  2. Opinión
  3. Comunidad de blogueros
  4. Ésta boca es mía… total, para lo que hay que contar

NADIE ALZÓ LA MANO

Ésta boca es mía… total, para lo que hay que contar

¿Por qué no hablamos del nuevo rumbo del FMI, o el desparpajo del papa Francisco, o la tragedia de Chile en Valparaíso, o el éxito de la película "Ocho apellidos vascos?"

Hechosdehoy / Enrique Mochales
fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo

Un día, sin saber exactamente qué le empujaba a interrumpir al resto, J, el bebedor, osó dirigirse a los demás en éstos términos: “Oye, ¿os había dicho alguna vez que ésta boca es mía?”

Después de un momento de confusión y varios tragos largos, con subsiguiente impacto de culo de vaso vacío en la barra, otro que iba de joven para seminarista tomó la palabra con ironía: “Bueno, eso es discutible. Esa boca en el fondo no es tuya, sino del Dios Todopoderoso”.

Cuando J se disponía a impugnar tal afirmación, otro chiquitero se negó a alabar cristianamente la declaración, y se adelantó: “Yo, la verdad, pienso que tu boca es de tu madre. ¿No te preguntaba ella, en tu niñez, “¿De quién es ésta boquita”? ¿Y luego no te decía “de mamá”? Yo, que estoy en contra de la propiedad privada, pienso que tu boca es del pueblo. La boca, para el que la trabaja, y a ti te tenemos que sacar las palabras con sacacorchos. Así que no te pases de listo, que te la expropiamos por votación a mano alzada”.

Tras reflexionar unos instantes, W, el chiquitero más joven, refutó: “Pues entonces, si la boca es del que la trabaja, su boca es de su mujer, que la besa. ¿No es lógico? ¡Vete tú a decirle a ella que se la hemos expropiado!”.

Oportunamente, otro de los sietes salió en defensa de su amigo: “Hombre, para una vez que habla, podríais dejarle decir ésta boca es mía”, y luego añadió, mirando fijamente a J: “Ahora que ya lo has dicho, ¿quieres hacer el favor de callarte?”

“Pero es que tengo mucho que decir”, replicó J. “Me gustaría hablar de cosas interesantes, ¿por qué insistís en quitarme la boca? Insisto, esta boca es mía, y estamos en una democracia. ¿Por qué no hablamos de cosas interesantes como el nuevo rumbo del FMI, o el desparpajo del papa Francisco, o la tragedia de Chile en Valparaíso, o el éxito de la película “Ocho apellidos vascos?”

“Uy, uy, uy”, farfulló el resto de bebedores, “A mano alzada”, dijo W, “¿quién quiere hablar de eso?” Ninguna se levantó.
El chiquiteo prosiguió con la participación silenciosa de J, sin importarle el resto de la charla, porque total, para lo que hay que contar.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Fill out this field
Fill out this field
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.
You need to agree with the terms to proceed

twitter facebook smarthphone

ARCHIVO DEL AUTOR

Menú