-Deja el décimo de la lotería en el pañal del niño, plis, Clotilda.
-Pero es que lo va a manchar.
-Precisamente por eso, déjala en el pañal. A ver cuando la lotería es ganancia del pueblo, y no beneficio del Estado.
-¿Por qué?
-Porque luego lo roban Clotilda.
-Pues se va a quedar to meao, el décimo -tambonito que es- con su imagen de La Adoración.
-Tendremos suerte, Clotilda, te lo aseguro. Con un poco de suerte hasta igual se caga encima el nene, y ya verás. Un montón de millones. Miles de millones sólo para ti, para mí, y para la comunidad de vecinos, y para el pueblo.
-¿Y nuestros primos de Salamanca?
-Eso es el pueblo, Clotilda.
-Calla, calla, que igual hay micrófonos.
-¿Micrófonos? ¿En una casa como la nuestra? Jajajajajajajajaja… no me hagas reír.
-¡Pero ten en cuenta, Hilario, que si se mancha mucho no lo cobramos!
-Todo está manchado últimamente Clotilda. Les llevaríamos a los tribunales.
-Pero, ¿tú crees en la Justica, Hilario?
-Algo más que en la lotería. Y creo en Dios.
-¿Aunque seas apóstata?
-Siii, aunque sea apóstata y precisamente por ello.
-Hilario.
-Dime.
Que creo que el niño sa cagao.
-¡Santo, santo, santo es el señor…! Ahora puedes quitarlo del pañal y dejarlo secar.
-¿Lo pongo con pinza, en el colgador?
-Sí, no te preocupes. Vendrá el viento y se llevará el número directo hasta el bombo.
-No digas eso, que ya tenemos dos y falta un mes para el tercero.
-¡Clotilda, que esta vez hemos ganau!
-Dios te oiga, Hilario, Dios te oiga.




