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LA CIUDAD NO ES PARA MI

Cabras, amistad, sufrimiento y acción en la España de los 50. El Tarantino rural

Jesús Carrasco, una de las sensaciones editoriales del año con "Intemperie", un relato de misterio en cuestión que considera esencial, como valor fundamental de la vida.

Hechosdehoy / Guillermo García Jiménez
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Tengo un amigo con ojo de pez con el que muchas veces he hablado sobre mis deseos de urbanita de extrarradio insatisfecho; sobre la felicidad que conseguiría viviendo en una casa en el campo con mi huerta y mis animalejos. Él, que es bastante sabio en casi todo lo que tiene que ver con la vida real y palpable y además ha sido labrador antes que fraile, me responde que no tengo ni puñetera idea de lo que es el campo de verdad.

Acabo de leer la excelente Intemperie (Editorial Seix Barral) del prometedor Jesús Carrasco. Una dura novela de ambiente rural muy bien escrita, con buenos momentos de prosa poética, rico vocabulario, una estupenda adjetivación y un ritmo trepidante para desarrollarse casi toda la acción en un secarral.

El argumento es la huida desesperada de un niño “hacia el norte” como símbolo de esperanza y futuro. En el camino se encuentra con el otro protagonista, un viejo cabrero, y juntos intentaran escapar del alguacil, un personaje bastante asqueroso. En poco tiempo tendrá que madurar a la fuerza y también elegir su forma de enfrentarse a la vida con su propia ética.

El libro ha tenido una buena acogida por los lectores y la crítica en general. Como informa en las solapas, se ha comparado al autor con Delibes o Cormarc McCarthy. En mi opinión, está lejos de alcanzar a McCarthy y todavía más a Miguel Delibes. En muchos episodios, está más cercano a Tarantino que al genio vallisoletano, aunque esto no es algo negativo: es simplemente distinto. Además, Jesús Carrasco aparece en las fotos luciendo con orgullo una calvicie divina y un bigote de cuento, pistas de que al leerle, como mínimo, no te dejará indiferente.

Se nota que el autor sabe de lo que habla, conoce la vida en los pueblos y ha oído hablar de situaciones bastante terroríficas que se daban en muchos de ellos en los oscuros años 40/50 del pasado siglo. Leyendo estas historias lo raro es que quedara alguien viviendo fuera de las ciudades. Se hace difícil encontrar explicación a la visión bucólica que en la literatura siempre han tenido han tenido estos lugares. Es curioso que justamente ahora, con los avances tecnológicos, en los transportes, y las comodidades que existen en cualquier población pequeña, sea cuando más despoblados se están quedando nuestros pueblos.

Estoy convencido que antes, brutales relatos como Las ratas, Los santos inocentes (Delibes) o La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela), buscaban denunciar situaciones injustas e inhumanas que precisamente acabaron con la interpretación idealizada del mundo rural. Pero el tremendismo con el que tratan el tema autores actuales como éste, forma parte de una especie de conjura para evitar el éxodo urbanita. No quieren que descubramos el secreto: en los pueblos actuales se vive mejor, se come mejor, tienes tranquilidad, silencio, naturaleza, estrellas en el cielo, paz y una cobertura ADSL mejor que en la ciudad. Además, los cotilleos no faltan; tú no te aburres y los demás tampoco.

A mí no me engañan, mi sueño es acabar viviendo en un pueblecito. Ahora solo queda convencer a mi mujer. Eso sí que va a ser épico.

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