Las pastillas de Romantisterona pueden ayudarle en algunos casos, aunque lo mejor suele ser confiar en el Sentimientron, sin dejarse caer en la angustia que provoca una masoquista segunda lectura de las contraindicaciones y los efectos secundarios. Precisamente, para estos casos, una dosis de Olvidatex en sobres suele ser efectiva.
Pero de nada sirve si ella es creacionista, doctora en ganchillo por la universidad de Cangas de Onís, experta en globoflexología y puzzlóloga, medalla olímpica de comba, curso CEAC de neurocirugía, primer premio de recortables “Respenda de la Peña”, cocinera constructivista, atracadora y granjera.
En estos casos, la infección amorosa puede ser grave, puesto que no hay amores sino enamorados, y el amante es sexador de pollos, traductor de lituano comercial, psicoanalista de plantas de huerta, cronista de espectáculos de mimo, récord mundial de juego de rana, bailarín de claqué y entrenador de caracoles- tiene un diagnóstico difícil.
Se aman, pero los padres de ella no están de acuerdo y, por si fuera poco, los dos viven en Teruel, cargando con el tendencioso estigma del “tonto ella, tonto él” a sus espaldas.
Creyendo que la voluntad de su hija está anulada por los medicamentos arriba indicados, los padres de la joven intentan casarla con un potentado, pero ¡ay!, no saben que, durante todo ese tiempo, ella ha arrojado una por una las pastillas por el retrete con paciencia de santa.
Aprovechando un descuido de sus guardianes, logra escapar y se reúne con su amado, que la espera en su ochocientos cincuenta. Tras una persecución tenaz por parte del BMW, que no logra alcanzar al ochocientoscincuenta turbo con llantas de aleación y casete, la pareja cruza por fin el límite de Teruel, y decide casarse por lo civil en Matalascañas, proyecto descabellado que ha sido siempre la ilusión de toda su vida.
Epílogo: nuestros enamorados se casaron y aún viven allí, en una casita de tres habitaciones-cuarto de baño-cocina, toman café con achicoria todos los domingos, duermen con las ventanas abiertas y tienen colgado un pez espada de plástico –que se mueve y canta- en el salón.




