Hay en Youtube un vídeo de las torrenteras que se forman en Mount Wai’ale’ale (Hawái). Ese monte es un volcán en escudo con un cráter profundo de altas paredes. El video fue filmado por John Song a la 9:30 del 12 de agosto e 2009. Las gotas de lluvia se disuelven como acuarela en el cristal del helicóptero desde donde el piloto hace un plano continuo.
Por las laderas interiores del cráter se precipitan verticales corrientes de agua como lágrimas de tristeza inacabable por un rostro de verdes musgos y helechos. Hawái llora en agosto aguas grises y platas. Lloran las nubes del Pacífico a las que el viento ha hecho estrellarse contra las cumbres de las islas. ¿Quién curará las heridas de las nubes? Ahora, en ese vídeo, lloran abrazadas a la aristas musgosas de Mount Wai’ale’ale.
El volcán ubicado en el archipiélago de Hawái, es el segundo pico más alto de la isla de Kauaʻi con 1570 m, por detrás del Monte Kawaikini con 1.598 m en el Pacífico Norte.
Al Sudeste de esa isla, cosa de 189 km se encuentra otra isla hawaiana Oahu, en donde se ubica Honolulu. Y es ahí, en la capital, donde se juega desde el jueves el Sony Open Hawaii, en un campo cuyo nombre hace recordar el monte del volcán que llora: el Waialae Country Club.
Ver a los profesionales del PGA Tour jugar este torneo en manga corta, a la orilla de ese mar de azul insultante da envidia, sobre todo en latitudes donde las olas no son de templada y salobre agua marina, sino de frío en modo ártico, modelo congelador no-frost.
Aunque lo que daba envidia de verdad a cualquier jugador, profesional o aficionado, ha sido ver el juego desarrollado por Justin Thomas para completar la primera vuelta del Sony Open Hawaii en sólo 59 golpes (1 bogey, 8 birdies y ¡2 eagles!) en un campo Par 70. Pasa de este modo a formar parte del exclusivo club de siete jugadores del PGA Tour con 59 golpes en un recorrido.
Después de una hazaña como esa cabría esperar que el jugador se desinflase y perdiese su ritmo de buen juego. Pues nada de nada: el segundo día sumó otro -6 para poner en su casilla un total de -17, cinco golpes mejor que su inmediato seguidor, el cañonero Gary Woodland.
Justin Thomas no es un desconocido, pero tampoco es una celebrity del golf mundial. Muy amigo del brillante – él sí – Jordan Spieth, está en el circuito americano desde 2009.
Pero no es hasta el año 2015 que pasa a hacer Tops 10; ese año hizo 7. En la temporada pasada repitió ese número, pero esta vez de los siete, cuatro fueron tercer puesto y otro una victoria: fue en octubre en el CIMB Classic.
De octubre aquí, se está consolidando como una promesa que se cumplirá. El domingo pasado ganó el SBS Tournament Champion donde se dan cita los que han ganado algún torneo del PGA Tour durante la temporada anterior.
Pocos de los grandes triunfadores de 2016 faltaron a esa cita también hawaiana y Justin Thomas desplegó tal juego en Kapalua que con un acumulado de -17, sacó 3 golpes a Hideki Matsuyama, 5 a Jordan Spieth y 6 a Dustin Johnson y Patrick Reed. Al término del torneo ya alcanza el 2º puesto de la lista de la regularidad de la FedEx Cup.
Está jugando en lo alto de la ola de su mejor juego. Como Mount Wai’ale’ale es una magnitud que toca con su frente el firmamento. Pero como Wai’ale’ale, por su rostro han corrido torrentes de lágrimas para abrirse paso entre gigantes. No es de rosas el camino del golf profesional.
Desde su Louisville natal en el estado de Kentucky se trasladó a la Universidad de Alabama para prepararse en golf y crecer con paso firme. La paciencia, el entrenamiento, los buenos entrenadores y compañeros de oficio le han puesto ante las puertas de una felicidad llamada esperanza.
No es extraño que su película preferida sea Shawshank Redemption (1994), traducida en España como Cadena Perpetua. Es una cinta de redención carcelaria llena de sensibilidad en la que el protagonista Andy Dufresne (Tim Robbins) impulsa de modo altruista desde su sufrimiento a un gran número de presos y les hace ver más allá de las rejas externas. E internas.
Y no es extraño cuando escuchamos a Andy decir a Red (Morgan Freeman), “Recuerda Red, la esperanza es una buena cosa, tal vez lo mejor de las cosas, y ninguna cosa buena muere jamás”.
Las cosas buenas viven siempre, como en Mount Wai’ale’ale, las inacabables corrientes de agua como ríos de tristeza por un rostro de verdes musgos y helechos.






